6.1. La economía de mercado
La actividad económica se basa
tanto en la oferta como en la demanda de los productos. El acuerdo entre
ambas se plasma en el contrato, estableciéndose en ese acto una dinámica
de factores que intervienen (publicidad, expectativa de beneficio,
intervención pública etc.). A esa ley de oferta y demanda debe añadirse un
adecuado sistema monetario.
6.1.1. Modelos del sistema de precios en el mercado
Según se establezcan las
posibilidades de la oferta y la demanda habrá distintos modelos:
monopolio (un solo vendedor), oligopolio (unos pocos
vendedores), competencia imperfecta (muchos vendedores) y
competencia perfecta (muchos compradores y vendedores)
La competencia perfecta y el
monopolio aparecen hoy como modelos teóricos del sistema de precios, cada
uno en un extremo del mercado (total competencia uno, ninguna competencia
el otro). Los modelos reales son, en cambio, el oligopolio y la
competencia imperfecta, que están inmersos en un mercado donde la
información no es total, los productos en su mayoría son indiferenciados y
algunos vendedores inciden en los precios.
6.1.2. Ventajas e inconvenientes de la economía de
mercado
La economía de mercado cumple
tres funciones eficaces dentro de una razonable competencia: estimula la
producción de bienes y servicios, asigna personas y recursos para
disminuir coste y aumentar calidad, y orienta la distribución para usos
más eficaces económicamente.
El mercado respeta la libertad
económica, estimula la iniciativa y la creatividad, crea y distribuye
riqueza. Por todo ello la Centesimus annus considera al mercado
como un instrumento eficaz para colocar recursos, responder a las
necesidades, favorecer el intercambio y dar primacía a la voluntad y
preferencias de las personas
(2).
Pero la Doctrina social de la
Iglesia también es consciente de los riesgos de la idolatración del
mercado. Entre sus límites señala: existe el riesgo de que solamente
atienda a las demandas más solventes; puede mercantilizar todas las
necesidades o sacar al mercado bienes inalienables de carácter religioso,
cultura o espiritual; puede fomentar necesidades artificiales; y a veces
el mercado es incapaz de distribuir justamente las rentas, no retribuyendo
adecuadamente el trabajo, explotando a los trabajadores o no
reconociéndoles sus derechos.
6.2. Un criterio ético para el mercado: el bien común
La actividad económica, según
declara la Gaudium et Spes, debe estar dirigida por el criterio
ético de contribuir al desarrollo humano. Esto se plasma en los
componentes del mercado de la siguiente manera:
a) La libertad económica
debe estar al servicio del hombre: La libertad económica no es
absoluta, sino que se encarna en la libertad humana, la cual debe
realizarse en la interdependencia social, en el bien común y en la
atención a los más débiles.
b) La libre competencia debe
estar al servicio de la cooperación: Este elemento fundamental del
mercado debe orientarse para superar la codicia y el individualismo
(3).
c) Los contratos deben estar
presididos por la justicia y la equidad: No basta el simple
consentimiento para la licitud de un contrato, sino que además de versar
sobre materia licita, debe realizarse en condiciones libres y equitativas
(4).
d) Los beneficios y la
inversión deben estar orientados éticamente: Las inversiones se
orienta a los beneficios, que indican la utilización correcta de los
factores productivos y la buena marcha de la empresa. Pero, más allá del
horizonte económico, deben ansiarse los valores morales y culturales, es
decir, el beneficio debe obtenerse de modo justo y las inversiones deben
aspirar a la justicia distributiva
(5).
6.3. El mercado en el contexto social e institucional
Para la Doctrina social de la
Iglesia el mercado debe estar controlado por las fuerzas sociales y por el
Estado. Sin control el mercado puede caer en la permisividad sin
referencias éticas o sociales; pero también es peligrosa la intervención
desmesurada del Estado.
El Estado debe crear un marco
jurídico e institucional para proporcionar seguridad jurídica y para
vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos de la persona en el sector
económico (6).
El Estado debe establecer políticas económicas y monetarias para favorecer
la libertad económica, fomentar el empleo, estabilizar la moneda; debe
asegurar la competencia mercantil; debe fomentar la iniciativa privada y,
cuando ésta sea insuficiente, suplirla; está obligado a apoyar las
iniciativas sociales para la formación de los trabajadores y la promoción
profesional; y debe promover, por último, los bienes públicos, protegiendo
lo colectivo, creando legislaciones adecuadas y salvaguardando la
moralidad pública, como condiciones para una auténtica “ecología humana”
(7).
La Doctrina social de la
Iglesia concede mucha importancia a los cuerpos intermedios de la
sociedad, los cuales tienen gran responsabilidad en el correcto
funcionamiento del mercado, en la implantación de códigos de conducta y la
promoción de los valores humanos en el funcionamiento del mercado.