|
DOCTRINA SOCIAL SOBRE LA POLÍTICA
3. El compromiso político del
cristiano
(1)
3.1. Democracia y participación política de los
cristianos
La participación
política exige que los cristianos desarrollen nuevos modos de acción
política y nuevas actitudes en relación con el propio cristianismo y con
otras corrientes religiosas, filosóficas y políticas. Ahora, la tarea de
los cristianos es la construcción de una nueva sociedad cristiana.
En una situación pluralista se
requiere que los cristianos en cuanto cristianos mantengan una unidad y
comunión de fe y defiendan la libertad religiosa y una dimensión
comunitaria de la religión. En cuanto ciudadanos, los cristianos pueden
participar de las diversas soluciones concretas que se ofertan en torno al
bien común, según su propio juicio y discernimiento.
El cristiano puede realizar su
participación política desde la pertenencia a un determinado partido
político, siempre que se mantenga la coherencia de la fe en relación con
el compromiso político. Como criterios morales fundamentales deben ponerse
la centralidad de la persona -en cuanto sujeto, fundamento y fin de
la vida social- y la dignidad de la persona.
3.2. Criterios de participación política
La Doctrina social
rechaza tanto que los cristianos se desentienda de la realidad social como
que creen estructuras políticas paralelas a las civiles. Y ofrece a los
cristianos unas directrices claras acerca de su participación y
protagonismo ciudadano en su acción temporal:
a) La autonomía de la
política: La política tiene sus leyes y valores propios que los
cristianos tiene que conocer, emplear y ordenar. Los cristianos son
miembros del orden religioso y del orden civil, y tienen en consecuencia
los derechos y deberes de cada orden. Deben vivir ambas dimensiones en
unidad de espíritu y coherencia vital; deben distinguir ambas esferas para
no caer en el integrismo o el temporalismo, y a su vez deben
armonizarlas en su actuación cotidiana.
b) Política y heteronomía
moral: Los cristianos deben vivir sus responsabilidades políticas en
la sociedad y en los partidos de forma ejemplar, responsable y con
voluntad de servicio. Sus comportamientos deben concretarse en leyes
acordes con la moral.
c) La educación para la
política: Esta educación debe consistir en contenidos teóricos y debe
distinguir la acción política, del proyecto de sociedad y de las
convicciones últimas
(2).
d) El desarrollo de la
acción política: La acción política debe ceñirse a la satisfacción de
los derechos ciudadanos y de sus aspiraciones en el orden temporal. Si
invaden otros campos, pueden caer en el totalitarismo
(3).
e) Un proyecto político de
sociedad: En el proyecto político de sociedad se consideran las metas
y medios, estructurados en una coherencia interna, que se ofrecen como
programa político a los ciudadanos. Esos proyectos no pueden invadir el
ámbito de las convicciones últimas.
f) Las convicciones últimas:
El sentido del hombre y de la sociedad escapan a la tarea de los partidos
políticos. La elaboración de las cosmovisiones últimas corresponde a los
grupos culturales y religiosos, los cuales no tienen por función ocupar el
poder político. Las convicciones últimas pueden juzgar los proyectos de
sociedad de los partidos, y cuando esos proyectos y los medios propuestos
son conformes con el Evangelio, los cristianos pueden colaborar con otros
hombres en conseguirlos, aunque no compartan las convicciones últimas.
También el cristiano tiene el debe de influir en la elaboración de los
proyectos de sociedad para que se acomoden a los valores y a la
antropología del Evangelio
(4).
g) El bien común como
primacía de la política: La acción política no se reduce a la gestión
de los intereses colectivos ni al desarrollo económico, sino que su meta
es el bien común de todos los hombres
(5).
h) El protagonismo
cristiano: El cristiano que actúa en la política debe estar avalado
por una suficiente competencia profesional, una coherencia entre la fe y
la conducta moral en la vida civil y un respeto por las virtudes morales y
los valores del espíritu.
i) El compromiso político
como prioridad religiosa: En medio de la atonía moral de nuestro
tiempo es necesario presentar la política como una tarea limpia y convocar
al cristiano para que moralice la vida pública en situaciones
degradantes. Es necesario poner en práctica los valores evangélicos
relacionados con la política: la libertad, la justicia, el servicio al
bien común, la fraternidad, la sobriedad, el amor por los débiles, etc.
j) La colaboración con los
no creyentes: La política tiene su espacio propio en la búsqueda de
soluciones para las comunidades humanas desde los saberes disponibles y
desde la iluminación moral de los fines y medios a conseguir. En ese
espacio es posible la colaboración entre creyentes y no creyentes.
k) El pluralismo político de
los cristianos: Los cristianos viven en una sociedad pluralista y
deben expresar las exigencias de la fe para intentar transformar la
sociedad, bien desde una opción política existente o construyendo otra
diversa. Debe evitarse un doble peligro: que una determinada opción
reivindique en exclusiva los valores cristianos y que en la comunidad
cristiana se provoque la división por la pluralidad de opciones políticas
en las que participan sus miembros
(6).
NOTAS
1. CUADRÓN, A.
y OTROS. Manual abreviado de Doctrina social…op. cit. B.A.C. Madrid
1996. Págs. 385-392. (volver)
2.
Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 1917.
(volver)
3.
Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2257.
(volver)
4.
Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2246.
(volver)
5.
Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2237 in fine.
(volver)
6.
Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2242.
(volver)
Andrés Francisco Peña
|