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DOCTRINA SOBRE DIVERSAS REALIDADES
SOCIALES
1. La cuestión demográfica (1)
La demografía es
una ciencia empírica y neutra, pero, cuando sus conclusiones afectan
gravemente a la libertad y a la dignidad de las personas, familias y
pueblos, la moral tiene algo que decir. Y la Iglesia ha manifestado sus
reflexiones sobre el crecimiento de la población a lo largo de la
historia.
1.1. Repaso histórico
1.1.1. La postura tradicional «creced y multiplicaos»
Hasta finales
del siglo XVIII no se vio como problema el crecimiento demográfico; más
bien era una virtud la abundancia de población. La transmisión de la vida
se planteaba como un asunto meramente individual y no social. Hasta los
años 40 del siglo XX la postura tradicional giraba en torno a tres
características; providencialismo (los hijos son una bendición de
Dios), naturalismo (la transmisión de la vida es algo natural y
misterioso) y generosidad (los hijos se aceptan con alegría a pesar
del sacrificio que suponen).
1.1.2. ¿No habremos crecido demasiado? De León XIII a
Pío XII
León XIII trata
la cuestión demográfica de pasada. En su época el problema era el éxodo
rural. Pío XI aborda el crecimiento desmesurado de los pobres en Extremo
Oriente, pero las causas de esta pobreza no se achacan a la
superpoblación, sino al progreso técnico que elimina mano de obra agraria.
Con Pío XII se empieza a tomar conciencia del problema demográfico. Es un
asunto apremiante, no sólo de orden natural, sino que la voluntad humana
está presente en él; tiene conexiones económicas, política e
internacionales y puede afectar a la paz. Pero la culpa no es de la
natalidad, sino de la mala distribución de la población.
1.1.3. Juan XXIII: confianza en Dios y en el hombre
El problema
demográfico se incluye como uno de las cuatro dificultades de la cuestión
social. Pero no hay que exagerar, ya que en este aspecto el verdadero
inconveniente es el éxodo rural y la desatención a los pobladores del
campo. Al tratar el desequilibrio demográfico hay que distinguir, porque
el problema está más bien en las deficiencias de los sistemas económicos
que no saben abastecer las necesidades humanas. A su vez, en el plano
mundial no existe superpoblación ni escasez de recursos naturales. Por
esto, en los países pobres debe producirse un correlativo crecimiento del
sistema productivo junto con el incremento poblacional.
La solución
debía venir por un desarrollo económico que conserve y aumente los
bienes, por una colaboración mutua entre los pueblos, por una
formación en la responsabilidad de los padres en su papel de
colaboradores de Dios en la transmisión de la vida y por la solidaridad,
invirtiéndose más donde hay exceso de mano de obra. Detrás de todas estas
propuestas se encuentra la concepción de que la vida es sagrada. El hombre
tiene dos deberes: propagar la vida y dominar la naturaleza. Y Dios ha
dado recursos suficientes para cumplir con esos deberes; sin embargo el
hombre usa la inteligencia contra la razón y actúa de modo contradictorio:
se agobia por la escasez de alimentos y al mismo tiempo utiliza los
recursos económicos como instrumentos de destrucción.
En la
propagación de la vida el hombre debe respetar las leyes de Dios, es
decir, acudir al seno del matrimonio, que por ley natural es uno e
indisoluble, y para los cristianos además es sacramento. El hombre no
puede actuar contra la acción creadora de Dios.
1.1.4. Los significativos silencios del Concilio
Vaticano II
En la Gaudium
et Spes no se trata el asunto de manera específica ni extensa. Alude
al incremento demográfico en algunas regiones y a la necesaria cooperación
internacional. Pero lo más significativo son sus silencios en los momentos
en que debió haberse pronunciado; por ejemplo, cuando habla de las
desigualdades entre muchedumbres inmensas de pobres y minorías riquísimas,
o cuando anuncia el principio del destino universal de los bienes de la
Tierra. No obstante, la Iglesia protesta contra quienes achacan las
dificultades del desarrollo exclusivamente al aumento rápido de la
población.
1.1.5. Pablo VI: La paternidad responsable
La demografía no
es la culpable del subdesarrollo, aunque añade alguna dificultad al mismo.
Entre las reformas urgentes que propugna la Populorum progressio
el crecimiento demográfico ocupa el noveno lugar. Sin embargo en la
Humanae vitae Pablo VI trata, en un contexto de moralidad familiar, de
la paternidad responsable en el control de la natalidad.
Para la Iglesia
es una decisión de estricta competencia familiar. El concepto de
paternidad responsable(2) consiste en un respeto por los
procesos biológicos, en el dominio de la razón y la voluntad sobre el
instinto, en la deliberación responsable y ponderada sobre el aumento de
la familia, en un reconocimiento de los propios deberes para con Dios y
con la familia, y de los propios derechos al matrimonio, a la procreación
y a la elección del número de hijos. Para evitar un nuevo nacimiento se ha
de acudir a medios “morales y seguros”. Se debe excluir absolutamente el
aborto voluntario, la esterilización directa y toda acción que se proponga
como fin o como medio hacer imposible la procreación.
1.1.6. Juan Pablo II: Defensa del derecho universal a
nacer
El aumento de la
población se presenta como unos del los problemas del mundo; no sólo como
escollo de Sur. Pero para Juan Pablo II también es peligroso el
“crecimiento cero” de la población. En la Solicitudo rei socialis
se denuncia a quienes promueven como única solución para crecimiento el
control de la natalidad y las campañas con este fin de los gobiernos y
poderes financieros, la cuales conculcan incluso la propia identidad
cultural y religiosa de los pueblos y la naturaleza del verdadero
desarrollo. En esas campañas, que curiosamente afectan principalmente a
los países pobres, hay un cierto olor a racismo.
En la
Centesimus annus se responde a las preocupaciones de ciertos
ecologistas que ven en el aumento de la población un peligro inminente de
destrucción de los recursos naturales. Para el papa el hombre también
pertenece al ecosistema de la Tierra y debe ser una “especie protegida”.
El mal está en el consumo desordenado y desequilibrado de los recursos
naturales. Además, deben protegerse los recursos humanos. En esa ecología
humana la familia es un “santuario de la vida”. Y compara las políticas
antinatalistas con una auténtica “guerra química” que mata a millones de
seres indefensos.
1.2. Conclusiones
La Iglesia ha
reconocido a partir de los años 50 que no puede eludirse la cuestión
demográfica, el cual representa uno de los problemas mundiales. Sin
embargo, no ha renunciado a sus principios: confianza en la Providencia,
respeto a la naturaleza y espíritu de generosidad en la familia. Lo que la
Iglesia no puede aceptar es que el problema demográfico afecte en
exclusiva a los países pobres, que para los países del Sur se impongan
políticas antinatalistas, mientras que los ricos promocionen la natalidad
en sus fronteras. En la actualidad se produce más del 10 % de alimentos
que la población mundial necesita. Sin embargo, hoy mueren millones de
personas en la miseria. ¿Por qué entones se preocupan las naciones ricas
de salvar la vida a los contemporáneos del año 2050 y se olvidan de los
que mueren de hambre en nuestros días?
La Iglesia
reconoce como legítimo que el Estado intervenga para orientar el
incremento de la población, mediante una información objetiva y
respetuosa, pero no usando de la autoridad o la coacción. «No puede
legítimamente suplantar la iniciativa de los esposos, primeros
responsables de la procreación y educación de los hijos. El Estado no está
autorizado a favorecer medios de regulación demográfica contrarios a la
moral»(3).
La
solución católica se articula en tono a cuatro ejes:
a) Educación
humana, religiosa y científica para todos, protección del medio ambiente y
“ecología humana”.
b) Técnicas de
producción de bienes a escala humana, justa distribución de las riquezas,
mejora de las condiciones sanitarias y métodos seguros y morales para el
ejercicio de la paternidad responsable.
c) Promoción de
una legislación social y familiar en el contexto del principio de
subsidiariedad, cooperación internacional y atención a la emigración.
d) Protección de
la familia y del matrimonio como “santuario de la vida”, reconociendo el
derecho a la procreación, a la elección del número de hijos y a la
educación de la prole.
NOTAS
1.
CUADRÓN, A. y OTROS. Manual abreviado de Doctrina Social de la Iglesia.
B.A.C. Madrid 1996. Págs. 59-74
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2.
Vid. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 2368
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3.
Catecismo de la Iglesia Católica,
núm. 2372
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Andrés Francisco Peña
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