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LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
2. Naturaleza de la Doctrina Social de la
Iglesia
Juan Pablo II
afirma en la Centesimus annus que el juicio de la Doctrina Social
es un deber pastoral pronunciarlo, pero no pretende ser un juicio
definitivo «… ya que de por sí no atañe al ámbito específico del
Magisterio» (CA 3). Con esta afirmación queda reflejado que la Doctrina
Social no pertenece en su totalidad al Magisterio, sino que es un
discernimiento técnico, un examen de las nuevas exigencias de la
evangelización que subyace a los medios humanos que el Magisterio utiliza.
Por tanto, la Doctrina Social «aplica la luz de los principios evangélicos
a la realidad en cambio de las comunidades humanas, interpreta con el
auxilio del Espíritu de Dios los signos de los tiempos e indica
proféticamente las máximas necesidades de los hombres hacia donde camina
el mundo» (1). El Magisterio de la Iglesia ha convertido, por
tanto, la Doctrina Social en un método de evangelización.
Con anterioridad
al Concilio la Doctrina Social se incluía en el ámbito de las ciencias de
la sociología. Pero en la actualidad se inserta en el ámbito de la
teología y de la moral social específicamente. Así queda excluida del
campo de la ideología para trasladarla al marco de la moral.
2.1. Definición
Dos son las
definiciones que se han dado sobre la Doctrina Social de la Iglesia: La
más clásica afirma que es el conjunto de enseñanzas de la Iglesia sobre
los problemas de orden social o el conjunto de conceptos que el Magisterio
escoge de la ley natural y de la revelación y que adapta a los problemas
sociales de su tiempo con la finalidad de ayudar a los pueblos y a los
gobiernos a organizar una sociedad humana y más conforme con los designios
de Dios sobre el mundo
(2).
Otra definición
más actual la encontramos en el número 45 de la Solicitudo rei socialis
de Juan Pablo II. Aquí se define la Doctrina Social como «la cuidadosa
formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas
realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto
internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial». En el mismo
sentido se expresa el Catecismo de la Iglesia Católica en el canon
2422:
«La enseñanza social de la Iglesia
contiene un cuerpo de doctrina que se articula a medida que la Iglesia
interpreta los acontecimientos a lo largo de la historia, a la luz del
conjunto de la palabra revelada por Cristo Jesús y con la asistencia
del espíritu Santo. Esta enseñanza resultará tanto más aceptable para
los hombres de buena voluntad cuanto más inspire la conducta de los
fieles».
Y continúa en canon 2423 con la
exposición de la misión, metodología y finalidad de la Doctrina Social:
«La doctrina social de la Iglesia
propone principios de reflexión, extrae criterios de juicio, da
orientaciones para la acción».
2.2. Fuentes
Las fuentes de la Doctrina Social se
encuentran en el derecho natural y en la revelación. Así lo recuerda los
papas Pío XII y Juan XXIII. También los Santos Padres y los concilios. El
derecho natural es el lugar de encuentro de todos los hombres. Todo hombre
es persona, y de esa naturaleza personal nacen los derechos y deberes que
son a su vez universales, inviolables e inalienables. El derecho natural
podría entenderse «como el conjunto de instancias fundamentales de las
personas que crean una plataforma de encuentro entre todos los hombres»
(3)
La revelación es la segunda fuente que
impulsa y orienta la Doctrina Social hacia la comunión y la
disponibilidad. Las disposiciones bíblicas de alteridad, fraternidad,
comunidad, sociabilidad, generosidad, así como las exigencias de justicia,
de misericordia, de gratuidad y de sinceridad orientan un nuevo humanismo
en el que el hombre se comprende a sí mismo y a sus demás hermanos. Con
estas dos fuentes – revelación y derecho natural- la Doctrina Social
evita, por una parte, convertirse en pura ética y, por otra, reducirse a
ideología y praxis relativa. El Catecismo de la Iglesia Católica lo
fundamenta de la siguiente manera:
«La Iglesia expresa un juicio moral,
en materia económica y social, “cuando lo exigen los derechos
fundamentales de la persona o la salvación de las almas” (GS 76). En
el orden de la moralidad, la Iglesia ejerce una misión distinta de la
que ejercen las autoridades políticas: ella se ocupa de los aspectos
temporales del bien común a causa de su ordenación al supremo Bien,
nuestro último fin. Se esfuerza por inspirar las actitudes justas en
el uso de los bienes terrenos y en las relaciones socioeconómicas»
(canon 2420).
2.3. Sujetos
(4)
El primer sujeto activo de la Doctrina
Social de la Iglesia es el Espíritu Santo. Su acción se concreta en el
momento del discernimiento de la fe, pues la Doctrina Social es una
experiencia de fe que luego se proyecta en la acción social. En segundo
lugar actúa la jerarquía de la Iglesia en su papel de indagar las
realidades de las vida y de pastorear al pueblo de Dios. En tercer lugar,
el diálogo con los demás cristianos y con los hombres de buena voluntad se
convierte en sujeto agente. En resumen, sujeto activo de la Doctrina
Social es toda la Iglesia, iluminada por Dios. El papa con la autoridad
universal que le viene de Cristo interviene en la fijación de la Doctrina
Social con sus proclamaciones en las encíclicas sociales y en otros
documentos de diverso rango. Todos los cristianos, guiados por sus
pastores, están implicados en la tarea de discernir y proclamar la
enseñanza social, pero son los papas los responsables directos de la
Doctrina Social.
Por otra parte ha de distinguirse la
doctrina del Magisterio de otros estudios que expertos y teólogos hacen
sobre la realidad social o sobre la propia Doctrina Social. A esos otros
estudios se les llama doctrina social católica.
2.4. Destinatarios (5)
Los documentos oficiales por los que se
exhibe de manera oficial la Doctrina Social van dirigidos a los Pastores
de la Iglesia y a todos los fieles del orbe católico. Sin embargo, desde
la Pacem in terris es habitual dirigir estos documentos a “todos
los hombres de buena voluntad”, porque se tiene el convencimiento de que
el compendio de Doctrina Social es eminentemente razonable y pertenece al
mundo de la verdad humana. Así pues, la Doctrina Social de la Iglesia se
ha hecho también ecuménica. La dimensión antropológica que Juan Pablo II
ha impregnado en la Doctrina Social se ha centrado en la búsqueda de la
dignidad de la persona humana, imagen de Dios. Por esto, la Solicitudo
rei socialis dirá en su comienzo que «la preocupación social de la
iglesia se orienta al desarrollo auténtico del hombre y de la sociedad,
que se respete y promueva en toda su dimensión la persona humana».
Es significativo, no obstante, que,
cuando el Magisterio de la Iglesia amplía los destinatarios de sus
enseñanzas, se va omitiendo el empleo al recurso de la ley natural y se va
fundamentando con más firmeza en la revelación, porque se entiende que
ésta es un elemento imprescindible para abordar en profundidad la cuestión
social. En esta dirección el Catecismo de la Iglesia Católica dice
en su canon 2419:
«La revelación cristiana […] nos
conduce a una comprensión más profunda de las leyes de la vida social
(GS 23). La Iglesia recibe del Evangelio la plena revelación de la
verdad del hombre. Cuando cumple su misión de anunciar el Evangelio,
enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su
vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias
de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina».
NOTAS
1.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. B.A.C. Madrid 1996. Pág. 116
(volver)
2.
GALINDO, A. Moral socioeconómica op. cit. Pág. 116
(volver)
3.
GALINDO, A. Moral socioeconómica op. cit. Pág. 117
(volver)
4.
GALINDO, A. Moral socioeconómica op. cit. Pág. 118
(volver)
5.
GALINDO, A. Moral socioeconómica op. cit. Pág. 119-120
(volver)
Andrés Francisco Peña
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