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LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
1. Formación del corpus de la Doctrina Social de la Iglesia
Dice el
Catecismo de la Iglesia Católica que «la doctrina social de la Iglesia
se desarrolló en el siglo XIX, cuando se produce el encuentro entre el
Evangelio y la sociedad industrial moderna, sus nuevas estructuras para
producción de bienes de consumo, su nueva concepción de la sociedad, del
Estado y de la autoridad, sus nuevas formas de trabajo y de propiedad. El
desarrollo de la doctrina de la Iglesia en materia económica y social da
testimonio del valor permanente de la enseñanza de la Iglesia, al mismo
tiempo que del sentido verdadero de sus Tradición siempre viva y activa»(1).
Este encuentro entre Evangelio y sociedad moderna supone una respuesta
histórica a un problema histórico que va evolucionando en el tiempo de
manera que los principios evangélicos se encarnen en los concretos
condicionamientos históricos a los que dichos principios se refieren.
Vamos a exponer
ordenadamente la forma en que se van manifestando las enseñanzas de la
Iglesia en materia social desde el siglo XIX hasta nuestro tiempo. En esa
evolución podemos reseñar distintas etapas(2):
-
Primeros planteamientos: Desde la
Rerum novarum (1981) hasta la crisis de 1929. Conforma un período
apologético-demostrativo frente al mundo.
-
La crisis de los sistemas económicos y
condena de los totalitarismos ).
-
La Segunda guerra mundial y la “guerra
fría”. Condena del comunismo ). Comienza una apertura dialogal
de la Iglesia con el mundo en orden a una cooperación.
-
El optimismo ambiental: la década de
los años sesenta. Prosigue la apertura de la Iglesia al mundo, pero a
partir del Concilio Vaticano II se incrementa la actitud misionera para
insertarse en el mundo y trasladar a éste la conciencia cristiana.
-
De la sociedad opulenta a la crisis de
la sociedad y de la Iglesia. De la Humanae vitae (1968) a la
“Perestroika” (1990).
-
Un “nuevo orden internacional”: Desde
la caída del “muro de Berlín” hasta la IV Conferencia de la CELAM en
Santo Domingo (1992). Con el pontificado de Juan Pablo II se acentúa un
período de búsqueda de identidad en la Doctrina Social de la Iglesia. El
tema clave es la especificidad de la vida cristiana en torno a la ética,
el compromiso, la Iglesia, la teología y la enseñanza social(3).
1.1. Período apologético-demostrativo
1.1.1. León XIII (1878-1903)(4)
Antes de ser
elegido Papa ya se ocupaba de los problemas de su tiempo con la doctrina
de la Iglesia. Una vez entronizado adopta una actitud de presentación
positiva de la doctrina de la Iglesia, intentando mostrar la concepción
católica en el orden social y político por dos vías: la diplomática y la
doctrinal.
León XIII se
encaró con los problemas nuevos surgidos desde la Revolución francesa,
especialmente con el tema de los sistemas políticos, intentando establecer
una nueva relación teológica y jurídica entre el orden espiritual y
material. La respuesta a esos problemas viene dada en seis encíclicas:
Diuturnum allud (1881) sobre el origen del poder, Humanum genus
(1884) que condena a los francmasones, Inmortale Dei (1885) sobre
la constitución cristiana de los Estados apoyada en el pensamiento
cristiano, Libertas praestantissimun (1888) sobre la libertad
humana y los problemas del liberalismo, Sapientiae christianae
(1890) y Au milieu des sollicitudes (1892) que procurará la paz
entre los católicos, divididos entre conservadores y liberales.
En el año 1891
se proclama la encíclica Rerum novarum. Existe un acuerdo general
en considerar que este documento inaugura de manera nueva y especial el
pensamiento social católico. Sin embargo, la encíclica es deudora del
pensamiento social anterior. El socialismo en este tiempo se presenta ya
como la solución alternativa a la situación deteriorada de las clases
obreras. La Iglesia, no obstante, se opone tajantemente a esta pretensión
y promulga frente al socialismo el derecho de propiedad privada como
elemento fundamental de todo orden social recto, rechaza la lucha de
clases y opta por la armonía de todos los grupos sociales. Pero el
socialismo no es la única ideología con la que se enfrenta la encíclica.
También lo es el liberalismo al que responsabiliza de muchos de los males
sociales de su tiempo. Crítica su concepción de la propiedad como derecho
absoluto, denuncia su concepción simplista de la sociedad en relación con
la reducción de las funciones de los poderes públicos. Acepta como derecho
natural el de asociación. Se opone con vigor a la pretensión del
socialismo y del liberalismo de marginar a la Iglesia del orden social y
de limitar la influencia del cristianismo en la construcción de la
sociedad.
1.1.2. Pío XI (1922-1939)(5)
En 1929 se
produce una profunda crisis económica en medio del sistema capitalista que
amenaza con arrastrar al sistema democrático en que se sustenta. Comienzan
a abrirse camino ideologías autoritarias. Ya en 1917 se había impuesto la
revolución socialista en Rusia, también como alternativa al capitalismo.
a) En este
contexto de amenaza totalitaria, fascista y comunista, aparece la
encíclica de Pío XI Quadragesimo anno (1931). En su primera parte
analiza los frutos de la Rerum novarum en el cuarenta aniversario
de la misma. La segunda parte se destina a considerar el derecho de
propiedad, el capital y el trabajo, la promoción del proletariado, el
salario justo, la restauración del orden social. Propone una reforma de
las instituciones y estudia el Estado. Emerge aquí el principio de
subsidiaridad, la búsqueda de una nueva organización social y la justicia
social. En la tercera parte se ofrece una alternativa corporativa en el
orden social, buscando sistemas intermedios entre el socialismo y el
capitalismo. Termina diagnosticando dos males: «la descristianización del
orden social» y «la apostasía de gran parte de los trabajadores». Y ofrece
dos remedios: la moderación cristiana que valora lo económico como un
medio y la caridad cristiana como virtud de la que deriva la justicia como
instrumento para conseguir la unidad de la familia humana.
b) Coincidiendo
con otras condenas del totalitarismo aparece la encíclica Divini
Redemptoris (1937) que trata sobre el “comunismo ateo”. Tiene dos
claras vertientes: una social y otra política. Afirma que el comunismo es
intrínsecamente malo por su concepción materialista de la vida y de la
historia, convirtiéndose en una filosofía radicalmente contraria al
cristianismo. Condena a los defensores del comunismo y salva a los pueblos
que sufren su opresión.
c) Mediante la
encíclica Non abbiamo bisogno (1939) se condena el fascismo con su
idolatración del Estado y hace una apología de la Acción Católica. El
nazismo es condenado en la encíclica Mit brenneder Sorge (1937)
advirtiendo a los alemanes sobre la manipulación propagandística de los
conceptos cristianos. También, sin oponerse a la Republica española,
critica en su carta Dilectissima nobis las acciones que ésta viene
realizando contra la Iglesia.
1.2. Período de diálogo y cooperación de la Iglesia con
el mundo
1.2.1 Pío XII (1939-1958)(6)
Seis meses
después de su elección papal se inició la Segunda guerra mundial. La
guerra ya no se limitaba a los ejércitos sino que afectaba a las
poblaciones civiles. El armamento es más destructivo y la crueldad de la
guerra produce más de 35 millones de muertes. Ocurre un fuerte
desplazamiento de poblaciones y minorías étnicas son exterminadas. Este
nuevo tipo de guerra engendrará una fuerte conciencia de la necesidad de
establecer un orden mundial pacífico, basado en principios éticos
universales y en normativas eficaces. La reconstrucción de Europa se
sustentará en el Plan Marshall y será dirigida por la Democracia
cristiana y después por la Socialdemocracia. Se instaura un sistema
económico mixto de tipo keynesiano, consiente en el liberalismo y un
correlativo intervensionismo estatal para suplir las deficiencias del
mercado. Es el origen del llamado “estado del bienestar”.
A este
capitalismo moderado se enfrenta el comunismo, que pretende controlar los
territorios ocupados durante la guerra. Con estos países formará un bloque
antagónico ideológica y políticamente al bloque occidental. Entre ambos se
instaura la llamada “guerra fría”, que se ejercita “por poderes” en campos
de batalla reales como Corea o Vietnam.
En 1945 nace la
ONU, cuya pretensión es regular las relaciones entre todos los países.
Pronto se promulgará la Declaración de los Derechos humanos como base para
una convivencia universal. Pío XII no prestó atención a esta Declaración,
al considerar que no daba cabida a la dimensión trascendente de la
personal y al estimar que el orden moral era objetivo –fundado en la
revelación de Dios y en la ley natural- y no dependía del consenso
político.
Pío XII no ha
dejado tratados doctrinales sistemáticos, como los anteriores papas. Él
aportó precisiones concretas evitando errores o confirmando nuevos
horizontes. Su meta fue la instauración de la paz entre los pueblos. Su
pensamiento social lo expone mediante los discursos y los mensajes
radiados. Entre los de contenido social cabe indicar los siguientes: In
questio giorno (1939) sobre la paz fundada en las justas exigencias de
los pueblos, Grazie (1940) sobre las bases de un nuevo orden
internacional, Nell’alba (1941) donde fija los presupuestos de ese
orden internacional, La solennità (1941) sobre la cuestión social
en el cincuentenario de la Rerum novarum, Con sempre (1942)
sobre el orden interno de los Estados, y Begninitas et humanitas
(1944) donde opta por la democracia como régimen más adecuado para los
Estados.
Merece reseñarse
el apoyo que Pío XII dio al nacimiento de la unión de los estados
europeos, respaldando a los grandes estadistas católicos como Adenauer, De
Gasperi y Shumann.
1.2.2. Juan XXIII (1958-1963)(7)
Con las
encíclicas Mater et Magistra (1961) y Pacem in terris (1963)
se contempla por primera vez la cuestión social en su dimensión mundial.
a) Mater et
Magistra: Conmemora el sesenta aniversario de la Rerum novarum.
Sintetiza la Rerum novarum, ampliándola y actualizándola con las
aportaciones de Pío XI y XII. Renueva temas antiguos como el salario, las
estructuras de producción, la justicia, la propiedad privada y aborda un
tema nuevo: el proceso de socialización. Analiza los desequilibrios
sectoriales de la economía mundial (agricultura, industria, servicios,
países subdesarrollados) e invita a la colaboración mundial. Estimula
finalmente a vivir la Doctrina Social porque es parte integrante de la
concepción cristiana de la vida.
b) Pacem
in terris: Se ofrece a todos los hombres de buena voluntad, no sólo a
los católicos y constituye un gran documento sobre la política de su época
dirigido a construir un orden mundial basado en la paz y en el respeto a
los derechos humanos. Las principales cuestiones que trata son: los
derechos y deberes de la persona humana, la naturaleza y función de la
autoridad en las comunidades políticas, las formas de gobierno, el bien
común y el comportamiento ciudadano, la necesidad de una autoridad
política mundial establecida por acuerdo entre las naciones y la necesaria
actuación del cristiano en todos los campos de la vida pública. El
recibimiento de la encíclica mundial fue excelente.
1.3. Período de inserción en el mundo y
de concienciación cristiana de la sociedad. La Constitución Gaudium et
spes del Concilio Vaticano II(8)
El Concilio
Vaticano II amplía la Doctrina Social de la Iglesia con su forma de tratar
los problemas del mundo moderno. El Concilio se convoca para renovar la
vida de la Iglesia católica. Trata de estudiar la Iglesia ad intra
y ad extra. La consideración ad intra dará lugar a la
Constitución Lumen gentium, la consideración ad extra a la
Gaudium et spes. Con la Constitución pastoral Gaudium et spes
es la primera vez que la Iglesia se expresa tan ampliamente sobre aspectos
directamente temporales de la vida cristiana. Es una teología de lo
concreto que utiliza la inducción como método: parte de la realidad,
profundiza en ella y busca la luz.
En su
introducción se subrayan las tensiones que afectan al hombre
contemporáneo, con sus afanes y fracasos, con su anhelo de sentido y su
deseo de realización. Ante este misterio del hombre, la Iglesia ofrece lo
que tiene: a Jesús, el Señor y Salvador de la historia. La primera parte
se destina al análisis de la dimensión trascendente de la persona, el
sentido de la vida y la realidad del pecado. Presenta el trabajo como
colaboración con el Creador y ofrece ante el ateísmo y el pecado la
propuesta del “hombre nuevo” en Cristo. En la segunda parte la
Constitución se fija en los problemas más urgentes de la sociedad: el
matrimonio, la familia, el fomento del progreso cultural, aspectos
diversos de la actividad económica, la vida en la comunidad política, el
fomento de la paz, la promoción de los pueblos, etc. Concluye recordando a
cada cristiano su obligación de iluminar en su ambiente concreto y de
culminar en Cristo la obra de la Creación.
1.4. Periodo de crisis en la sociedad y
en la Iglesia(9)
Después del
Concilio la Iglesia vive varios desafíos, nacidos unos en el interior de
la misma y otros relacionados con el mundo en que trabaja y vive. Un
primer reto consiste en que el cristianismo debe buscar lo específicamente
cristiano en la vida personal y comunitaria y hacerlo presente en la
actividad de los creyentes y en las tareas de la Iglesia. Un segundo reto
consiste en la construcción de la paz en el mundo, la cual no podrá
implantarse sin un desarrollo paulatino y concorde de todos los pueblos.
La primera dificultad para este progreso se asienta en la ingente
disparidad entre los países ricos y los pobres y la segunda consiste en el
alto crecimiento demográfico de los pueblos del Tercer Mundo. El
desarrollo de las naciones más pobres se ve impedido por los mecanismos
del comercio internacional (los países industrializados emplean materias
primas de los países pobres, las elaboran añadiéndole su valor de
producción y los pobres no pueden disfrutarlos por tener precios
inasumibles) y por los mecanismos financieros (la inversión extranjera
terminan apropiándose de la riqueza que se genera en el país
subdesarrollado). En este contexto surgen la encíclica Populorum
progressio (1967) y la Carta apostólica Octogesima adveniens
(1971) de Pablo VI.
a) La
Populorum progressio trata todos estos problemas: Va dirigida a toda
la humanidad y pretende dar una visión ética y cristiana del desarrollo
como base para la acción solidaria. Hace una llamada urgente para atender
a la postración socioeconómica de los pobres y ofrece unas características
del desarrollo cimentadas en la vida humana en cuanto humana. Para esa
existencia humana se requiere: cultura, el derecho de propiedad, el
reconocimiento de otros derechos, la consideración de los valores
religiosos, etc. En la segunda parte se invita a la reflexión teológica
acerca de la liberación justa y de los valores que fundamentan la vida
social. Las exigencias de la igualdad humana y de la paternidad divina nos
conducen al reconocimiento de la solidaridad, la justicia social y la
caridad universal.
b) La
Octogesima adveniens se ha volcado en los problemas de las sociedades
industriales avanzadas. Pablo VI quiere ampliar la forma de la presencia
de los cristianos en la historia y les impulsa a que se comprometan con
los movimientos sociales, aún a sabiendas del peligro de contaminación
ideológica que eso implica. En la primera parte ofrece un elenco de
problemas que afectan al mundo: las macrociudades, los emigrantes, la
situación de los trabajadores, el medio ambiente, los medios de
comunicación. Ante esto el Magisterio de la Iglesia no tiene por misión la
de proponer soluciones universales; las deben proponer las iglesias
locales y los cristianos en cada ámbito. En la segunda parte se ofrece una
alternativa a la sociedad científico-técnica, critica la ideología liberal
y la marxista como incompatibles con la fe cristiana y opina sobre las
utopías y en cientismo. En la tercera parte se ocupa del cristiano en su
situación presente. Analiza el pluralismo en la acción y el compromiso
social como opciones diversas desde una misma fe. Y termina ofreciendo la
acción de la Iglesia para buscar caminos de justicia.
1.5. Periodo de búsqueda de identidad en
la Doctrina Social de la Iglesia ante un “nuevo orden internacional”(10)
La Iglesia se
siente conmocionada por la modernidad y la secularización. El Concilio fue
convocado para dar respuesta a estos dos factores. Pero en el
post-concilio se confirma que el camino del reencuentro con el hombre
moderno y su mundo es aún largo y lleno de sobresaltos. Juan Pablo II
tiene, además, la inquietud de la posible pérdida de identidad de los
creyentes en su compromiso temporal. Por esto insistirá en aquellos
elementos que refuercen la cohesión de la fe y de la comunidad eclesial.
Tres son, hasta el momento, sus encíclicas sociales: la Laborem
exercens (1981), la Solicitudo rei socialis (1987) y la
Centesimus annus (1991).
a) En la
Laborem exercens el ser humano está definido por su dimensión
trabajadora, que es la clave de la cuestión social, y se abandona el tema
de la propiedad como eje prioritario. La encíclica nace en medio de las
consecuencias producidas por la crisis económica de 1975 ocasionada por la
elevación de los precios del petróleo a causa del temor a su agotamiento y
con el fin de distribuir la renta mundial. En los países pobres la mano de
obra barata tiene la oportunidad de alcanzar los mercados internacionales;
aparecen las compañías transnacionales. En los países ricos el valor de la
energía se pasa al capital, que busca lugares con costes más baratos,
incluida la mano de obra, provocando un inmenso paro en los países
industrializados. El trabajo se convierte en un bien escaso. En los países
del Este el sistema comunista ha fracaso y se anuncia su derrumbamiento.
En este marco la encíclica presenta una revisión profunda del sentido del
trabajo al entenderlo como un valor en sí mismo, como un medio de conexión
entre Dios y el hombre. El capitalismo y el colectivismo son tratados en
pie de igualdad desde una actitud crítica. Se invita a todo creyente a
comprometerse en la transformación de los sistemas económicos, indicando
que el trabajo tiene prioridad sobre el capital. Pide respeto por los
principios y valores fundamentales insustituibles, como la dignidad
humana, la solidaridad, la justicia social. Ofrece, por último, la
espiritualidad conciliar al mundo del trabajo.
b) En la
Solicitudo rei socialis Juan Pablo II recoge y actualiza el mensaje de
la Populorum progressio. El mundo empieza a salir de una profunda
crisis económica y parece mantenerse un precario equilibrio entre los
bloques que dificulta el desarrollo de los pueblos pobres. Resalta la
perenne validez de la Doctrina Social de la Iglesia, así como su
continuidad y constante renovación. La primera parte la dedica a repasar
la Populorum progressio. Después analiza el mundo contemporáneo
donde la esperanza de progreso ha menguado respecto de la década de los
sesenta. Estudia los signos negativos de nuestro tiempo (abismo Norte-Sur,
la venta de armas, limitación de los derechos humanos) y atisba signos
positivos de esperanza (conciencia de la propia dignidad, de la
solidaridad, de la preocupación por la paz y la ecología). Define el
auténtico desarrollo: el hombre debe crecer como imagen de Dios, por eso
el desarrollo abarca la vertiente política, económica, religiosa y
ecológica. En la cuarta parte analiza la realidad presente con una mirada
teológica desde los conceptos de conversión y solidaridad. En la última
parte propone reformas estructurales que favorezcan el desarrollo.
c) La Centesimus annus
conmemora el centenario de la Rerum novarum, de la que hace una
nueva lectura en tres dimensiones: profundiza, en primer lugar, en los
principios y soluciones del texto de la Rerum novarum; en segundo
lugar, mira alrededor para ver las “cosas nuevas” de finales del siglo XX
y se detiene especialmente en el fracaso del socialismo; en tercer lugar
mira al futuro, cargado de incógnitas y de promesas. Habla de la tierra,
del trabajo y de la nueva propiedad: el conocimiento y la técnica. Invita
a superar los vicios de la economía capitalista. Afirma que la Iglesia no
tiene un modelo que proponer; éste surgirá de la realidad histórica y de
la responsabilidad social, económica, política y cultural. Insta a que
predomine el ideal democrático fundado en la verdad y se interesa por los
derechos humanos. Renueva la doctrina de la Iglesia sobre el Estado y lo
conecta con la dignidad del hombre. La Iglesia está convocada a la tarea
de la cultura de la paz y de las naciones, porque el Evangelio no es una
teoría sino un fundamento y una motivación para la acción en la búsqueda
de la caridad y en la promoción de la justicia.
NOTAS
1.
C.I.C. núm. 2421
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2.
División cronológica tomada de SAINZ DE DIEGO en Pensamiento Social
Cristiano I. Univ. Pontificia de Comillas. Madrid 1994. Págs. 447-452
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3.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. B.A.C. Madrid 1996. Págs. 139-140
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4.
CUADRÓN, A. Manual abreviado de Doctrina Social de la Iglesia.
B.A.C. Madrid 1996. Págs. 7-10
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5.
CUADRÓN, A. Manual abreviado de… op. cit. Págs. 11-13
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6.
CUADRÓN, A. Manual abreviado de… op. cit. Págs. 13-16
(volver)
7.
CUADRÓN, A. Manual abreviado de… op. cit. Págs. 16-18
(volver)
8.
CUADRÓN, A. Manual abreviado de… op. cit. Págs. 19-21
(volver)
9.
CUADRÓN, A. Manual abreviado de… op. cit. Págs. 22-25
(volver)
10.
CUADRÓN, A. Manual abreviado de… op. cit. Págs. 25-28
(volver)
Andrés Francisco Peña
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