|
FUENTES BÍBLICAS Y EVOLUCIÓN
HISTÓRICA DE LA MORAL SOCIAL CRISTIANA
2. Aproximación histórica a la moral social
2.1. Época patrística (siglos I-III)
(1)
2.1.1. Rasgos del grupo cristiano
Hasta el siglo
III el cristianismo es un movimiento pequeño en el interior de otro más
grande, como es el mundo grecorromano. Las características de este inicial
grupo cristiano son:
a) Fuerte
sentido de comunidad: El grupo ha nacido en torno a Cristo, por lo que
la incorporación a su Persona es esencial, más que otros intereses o
proyectos. El valor absoluto de la relación con Cristo se hará notar en
las fuertes y profundas relaciones interpersonales del grupo. A ello
favorece las pequeñas dimensiones del grupo.
b) Orientación
misionera: Predomina en el grupo un fuerte
sentimiento de ser enviados a los demás para comunicarle el mensaje y el
camino nuevo propuesto por Cristo. El grupo cristiano no es un grupo
cerrado sobre sí mismo, sino abierto a la comunicación de la buena noticia
sin ánimo de dominación de los de fuera, sino, por el contrario, como
ofrecimiento y propuesta libres. La Iglesia no condena al mundo desde su
perspectiva particular, sino que confronta con el mundo su experiencia
desde la comunicación y la realidad de Cristo.
c)
Orientación escatológica: Lo definitivo para los
cristianos no son las cosas materiales, ni la organización de la vida
social, ni la incidencia de los otros sobre la vida individual. Sus
actitudes necesitan del tiempo y del espacio, pero van más allá de ellos.
Los cristianos no están preocupados por el progreso material; se siente
apartados de las organizaciones mundanas. Hay que vivir en el mundo, pero
creen que su final es inminente; por esto, uno se puede salvar contra
el mundo, en el mundo o con el mundo.
2.1.2. Orientaciones éticas derivadas
Las
características del grupo cristiano conducirán al impulso de determinados
rasgos de una ética sobre la sociedad:
a) La
libertad de conciencia es irrenunciable: Es
preciso obedecer a Dios antes que a los hombres. El choque de la
mentalidad cristiana con el mundo grecorromano colocará a los cristianos
en una mala situación e imagen pública. Eso les hará tomar conciencia de
que el hombre no queda agotado por aquello que los demás pretendan hacer
de él.
b) La libertad
de comunicación: Nadie puede prohibir que el
cristiano comunique y exprese su fe y sus creencias.
c) Ruptura
con modelos de comportamiento personal y social:
No abortan, se casan para siempre, reconocen la dignidad
del matrimonio entre el hombre y la mujer, incluido el de los esclavos,
«ponen mesa común, pero no lecho»
(2).
d) Ausencia
de una reflexión expresa y sistemática sobre las estructuras sociales:
Esa ausencia les conduce a tener comportamientos ingenuos y vacíos de
asimilación de los modos de vivir de los demás, puesto que el final
escatológico está próximo y la organización social romana es la cumbre de
la perfección. De esta actitud nacerán, por una parte, el radicalismo
monacal de buscar la pureza evangélica huyendo del mundo romano y
construyendo “otro mundo” y, por otra, una moral de renuncia a transformar
la estructura social: la sociedad está mal organizada, sus estructuras son
fruto del pecado original, pero en ellas se puede alcanzar la
santificación sin necesidad de cambiarlas. Los problemas sociales se
intentan solventar desde el mundo de las intenciones y desde la conversión
y el talante personal.
2.2. Ideal de cristiandad (siglos IV-XII)
(3)
2.2.1. Evolución desde la situación de la Iglesia
primitiva
Según el ideal
de cristiandad, del Evangelio se deriva un determinado tipo de
civilización cultural, política y económica. Este modo de entender las
cosas es completamente nuevo al de la Iglesia primitiva, al cual se va
derivando hasta la completa identificación entre Iglesia y mundo. La
evolución de una concepción a otra viene precedida de los siguientes
antecedentes:
a)
Disminución de la intensidad de comunión: El
aumento numérico de la comunidad cristiana incrementó el anonimato y
disminuyó el espíritu de fraternidad y de comunidad. Van predominando los
aspectos jurídicos de la vida social y van apareciendo los valores de
intimidad personal.
b) La expresión
“laico” comienza a anteponerse a la de “clérigo”:
Comienzan a diferenciarse diversos estamentos dentro de la comunidad. El
seglar comienza a desempeñar un papel meramente pasivo.
c) Surgen los
conflictos en las relaciones con los grupos sociales extraeclesiales:
Aumentan los cristianos de diversas
procedencias: patronos, soldados, etc. El compromiso cristiano comienza a
trasladarse a esos ámbitos profesionales y a las estructuras sociales no
cristianas: la propiedad, la guerra, la magistratura, etc. Muchos
cristianos se oponen a la colaboración con el mundo y comienza la búsqueda
por vivir una vida más evangélica (monacato, por ejemplo).
2.2.2. Nacimiento del ideal de cristiandad
Aunque la
evolución entre Oriente y Occidente es distinta, la idea de cristiandad
comienza con la era constantiniana, cuando se identifica la geografía
política y la eclesial:
a) A mediados
del s. IV el que socialmente se cree alguien se hace cristiano. Lo
cristiano goza de gran prestigio social y cultural.
b) Con la
invasión de los bárbaros y la desaparición del Imperio Romano occidental
todo queda tan desorganizado que son las estructuras eclesiásticas las que
deben administrar a la sociedad civil.
c) El seglar
tiene un papel pasivo y debe limitarse a obedecer a la autoridad que, a su
vez, es civil y eclesiástica. El clérigo, por las necesidades de la vida
social, va adquiriendo poder e influencia frente al seglar, cada vez más
reducido al silencio.
2.2.3. Características de la cristiandad
a) La vida
mundana sólo tiene sentido en relación con su finalidad última: la
salvación ultraterrena. Los medios para esa salvación han sido entregados
a la Iglesia, representada por la jerarquía: son los sacramentos y la
doctrina. A toda esta situación se responde con el comportamiento ético.
b) Los poderes
del mundo han sido encomendados al emperador cristiano, pero sólo tendrán
sentido si responden a la finalidad de la salvación. El poder temporal se
subordina, por tanto, a la potestad eclesiástica del Papa.
c) Los poderes
temporales no podrán mandar nada contrario a la ética cristiana y están al
servicio del poder religioso. La vida profana-material queda envuelta en
una atmósfera sacral-cristiana.
d) La Iglesia
puede reclamar la ayuda del brazo secular para atacar a las herejías. La
organización política y el derecho se supeditan al Derecho canónico. La
única perspectiva de organización social es el cristianismo.
e) Con todo ello
se termina canonizando una manera muy concreta de organización temporal en
base a las enseñanzas y a la doctrina cristiana, evocándose la conciencia
cristiana para justificar los intereses propios y configurándose una
“dictadura sobre los espíritus”.
f) Como
consecuencia de todo ello, la función crítica y la utopía social del
mensaje evangélico se redujo a formas y círculos aislados, aunque
posteriormente resurgirían en la renovación mendicante y en la aparición
del modelo de “justicia”.
2.3. El nacimiento de la doctrina acerca de la justicia
(siglos XIII-XV)
(4)
2.3.1. La figura de Santo Tomás y la determinación de su
pensamiento
En el siglo XIII
emerge la figura de Santo Tomás, cuya teología moral tiene como núcleo la
justicia. La base ética está para Santo Tomás en las virtudes teologales
(fe, esperanza y caridad). Pero estas virtudes deben desglosarse en
contenidos materiales, lo que se consigue en las cuatro virtudes
cardinales (templanza, fortaleza, prudencia y justicia). Santo Tomás se
convierte en el primer autor en construir un tratado de justicia y en
insertarlo en la síntesis teológica:
a) Para Santo
Tomás la materia de la moral queda reducida al tratado de las virtudes
teologales y cardinales. El tratamiento de la justicia cae dentro de la
ética de las virtudes.
b) La justicia
pertenece a las virtudes cardinales o morales. La justicia es la que
otorga perfección al deseo de realizar un acto humano.
c) La justicia
es la principal entre las virtudes cardinales: en el orden moral es la
virtud preeminente.
2.3.2. La moral social cristiana en la época medieval
En el Medievo la
moral social cristiana asume la actitud de defensa del orden social y de
las estructuras que revelan la dimensión pecadora del hombre. Esta
situación se superó por la fuerza de la ética individual, de la ascesis
personal desarrollada en nombre de los ideales evangélicos y de
comportamientos que traspasaban el mero ejercicio de la justicia legal.
La tensión entre
las obligaciones legales emanadas de la renovación jurídica del siglo XII
y los impulsos de las órdenes mendicantes con sus ideales de caridad y
gratuidad produjo una gran eficacia a la moral social cuando, por su
efecto, se rompió la estabilidad producida por la identificación del
derecho y de la moral.
Los primeros
problemas que se platearán a esta moral vienen dados por el nacimiento de
la economía mercantil y por las primeras formas de separación y de tensión
entre sociedad laica y mundo religioso.
2.4. El Tratado «de iustitia et iure»
y el esquema del «Decálogo» en las Instituciones morales (siglos
XVI-XVIII)
(5)
2.4.1. El tratado «de iustitia et iure»
A partir del
siglo XVI los cambios, originados en los tiempos precedentes, adquieren
una velocidad determinante. En el aspecto político surgen los Estados
nacionales unitarios y comienzan a aparecer las monarquías absolutas. Nace
el Derecho internacional. En el aspecto geográfico se descubre América y
se irrumpe en Asia, sobre todo por motivos comerciales. En el ámbito
económico se pasa de una economía urbana a una economía nacional, se
extiende el comercio a las tierras del ultramar y surgen las crisis
económicas por la devaluación de la moneda y el aumento de los precios.
Aparece el capitalismo bancario y el industrial. En el ámbito cultural,
aprovechando la decadente escolástica, florece el humanismo, un nuevo
pensamiento con cierto sentido optimista de la vida. En el ámbito
religioso se va a producir la segunda gran ruptura del cristianismo con la
Reforma protestante.
Con todas estas
circunstancias novedosas y radicales, el tratado «de iustitia et iure»
ha supuesto para la historia de la moral un punto de referencia eclesial y
científico de gran importancia. Estos tratados constituyen una integración
de estudios interdisciplinares: filosofía moral, ciencias jurídicas,
teología, derecho canónico, cuestiones de economía y praxis cristiana etc.
Nacen en torno a la virtud tomista de la justicia. Es el lugar teológico
entre la fe y las realidades sociales. Todos los asuntos y problemas
sociales de la época son analizados por los tratadistas de moral, a veces
en tensión con la jerarquía, estudiando la justicia verdadera y las
injusticias disfrazadas que tratan de escapar a las censuras
eclesiásticas. Contienen una doctrina social acorde con las necesidades de
la época.
2.4.2. Las Instituciones morales y el esquema del
Decálogo
Desde un esquema
moral centrado en la justicia se pasa a otro nuevo centrado en los
Mandamientos. El tratamiento de la ética social en las instituciones
morales va configurando la llamada «moral de los mandamientos», cuyas
características son:
a) El contenido
social está disperso en los Mandamientos (séptimo sobre todo); su
tratamiento es casuista, su tono individualista, con la preocupación mayor
de tranquilizar las conciencias más que transformar la realidad.
b) Conlleva
aparejada una privatización de la moral social, estableciéndose una
estrecha relación entre moral y derecho.
c) En economía
se concede un gran valor a la ética del compartir los bienes y a la
necesidad de acercarse al ideal de propiedad, con una fuerte conciencia de
participación social.
d) En la
convivencia social predomina el concepto de legítima defensa y en ecología
existe la filosofía de la identificación con la naturaleza.
2.5. La moral social en el siglo XIX
(6)
La moral social
de este siglo tiene como base los cambios en varios ámbitos de la vida:
sociales, políticos, económicos, culturales.
a) Aspecto
social: En esta época comienzan las revoluciones
burguesas. La burguesía pretende imponer su modelo de vida a todas las
clases sociales; del modelo gremial de la Edad Media se pasa al
individualismo moderno. El capitalismo, nacido en el s. XVIII, potenció el
crecimiento y el desarrollo industrial. Pero a la par crecen la división
del trabajo, el hambre y la miseria. Los economistas buscan remedios y los
socialistas denuncian las incoherencias del sistema.
b) Aspecto
cultural: Las enseñanzas morales están en
relación con la Ilustración. La moral se funda en la razón y se valorarán
tres actitudes fundamentales: La tolerancia con las personas y con
los errores, la benevolencia (versión laica de la caridad) y la
humanidad (compuesto de afabilidad y sensibilidad). Se pasa de la fe
medieval al predominio de la razón.
c) Aspecto
político: se promueven propuestas democráticas
en torno a la igualdad y la libertad como base del sistema económico
liberal. El nacimiento de la democracia moderna se inserta a la vez en el
marco de los nacionalismos de apertura cosmopolita.
d) Aspecto
económico: Las propuestas ilustradas fueron
recogidas por el capitalismo y el socialismo. Ambos se sustentan en una
concepción de que las estructuras son mutables, en el valor de la ley
natural y en el poder de la ciencia. Se pasa de un sistema económico
cerrado a otro dinámico y abierto.
e)
Aspecto eclesial: El ideal moralizante de la
Ilustración pretende imponerse como modelo nuevo de la sociedad. Frente al
utilitarismo de Hume y el racionalismo de Kant surge el romanticismo
individual que procede del protestantismo; este romanticismo presenta como
único valor absoluto la autonomía del espíritu. Se abandonan, por tanto,
valores como la familia, lo social o la religión. Como consecuencia, la
Iglesia se ve desplazada de la sociedad, se producen las desamortizaciones
y se suprimen órdenes religiosas. En ese contexto la acción de la Iglesia
se centrará en la recuperación de la conciencia y el compromiso sociales a
través de la creación de un modelo nuevo de relación con la sociedad, cual
es la Doctrina Social de la Iglesia.
NOTAS
1.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Págs. 47-50.
(volver)
2.
ANÓNIMO. Carta a Diogneto. (Siglo II) en RUIZ BUENO, D.
Padres Apostólicos y Apologistas griegos. BAC. Madrid 2002. Pág. 656.
(volver)
3.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Págs. 55-60.
(volver)
4.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Págs. 60-70.
(volver)
5.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Págs. 70-94.
(volver)
6.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Págs. 95-97.
(volver)
Andrés Francisco Peña
|