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FUENTES BÍBLICAS Y EVOLUCIÓN
HISTÓRICA DE LA MORAL SOCIAL CRISTIANA
1. Aproximación bíblica a la moral de la sociedad
El mensaje bíblico es una de las claves interpretativas
de la experiencia humana, válida tanto para el creyente como para el
hombre en general. En efecto, acudir a la Biblia puede ser útil para una
moral cristiana y también para una moral “civil”.
Las claves bíblicas pueden resumirse en torno a tres
grandes ejes de interrogantes:
-
Qué significan las cosas para el
hombre bíblico; qué relación tiene el hombre con la naturaleza y con la
posesión de las cosas; qué lugar ocupan los bienes, la naturaleza y las
propiedades.
-
Qué significan las otras personas en
el camino de la vida; qué lugar ocupa la sociedad.
-
Qué sentido tiene vivir la posesión de
bienes y la vivencia colectiva en cada momento histórico
(1).
1.1. En el Antiguo Testamento
(2)
a) Las relaciones entre los hombres están mediadas
por la justicia de Dios: El Antiguo Testamento nos presenta que las
relaciones entre los hombres están reguladas por la justicia,
término que posee una connotación religiosa. La búsqueda de la justicia
media en la relación con las cosas y con los demás. El comportamiento con
el otro se rige por la máxima “actúa con el otro del mismo modo como Dios
se ha comportado contigo”. La relación con Yahvé ilumina las demás
relaciones interpersonales, de modo que esa gratuidad de Dios impide que
el hombre pretenda hacerse un «dios» para los otros hombres, con el afán
de dominarlos.
b) Esencial a la justicia es la vida comunitaria:
La perspectiva salvífica de la justicia convoca a una vida comunitaria.
Desde aquí nace y se potencia la solidaridad. Además, ese aspecto
comunitario es vivido por Israel desde la espontaneidad: es un pueblo por
iniciativa de Dios y su relación con los otros emana de su primordial
relación con Dios. De ahí que el pueblo no sea feliz, mientras uno de sus
miembros se sienta desgraciado. Esto conduce, consecuentemente, a la
asunción del sacrificio personal por el pueblo y no sólo por los
seres queridos; las relación interpersonal se abre, pues, a la
universalidad.
c) La Ley es la mediación necesaria de la justicia:
La Ley es la encarnación jurídica de la justicia. Quien quebranta
la ley no es justo, porque rompe con la comunidad y porque atenta contra
la voluntad de Dios, manifestada en el contrato de la Alianza. Pero la Ley
no agota las exigencias de la justicia, porque esa Ley se refiere a
circunstancias históricas concretas y particulares.
d) Los pobres y los marginados exigen una situación
especial: Las nociones de justicia, comunidad y ley significan para
los profetas que los más débiles requieren de un trato especial. No se
puede confesar la gratuidad de Dios si no existe una sensibilidad especial
hacia los marginados. Es necesario que el pobre deje de ser pobre para que
también celebre los dones de Dios repartidos en la creación y concedidos a
todos. Las situaciones de marginalidad denuncian la insuficiencia de las
leyes comunes y exigen su revisión.
1.2. En el Nuevo Testamento
(3)
La apelación al mensaje de Jesús ha sido constante –y a
veces contradictoria- a la hora de resolver problemas éticos de naturaleza
social. Esta evocación se ha dirigido en ocasiones por dos caminos
extremos: el integrismo trascendente y el integrismo sociopolítico.
a) Integrismo trascendente: La referencia a
Jesús de Nazaret se hace meramente en torno a su relación con la
trascendencia, despreciando el trato con las cosas y con los demás. Se
trata de una fuga del mundo. Con un lenguaje espiritualista se aleja de la
realidad de las conexiones del hombre con el mundo y de sus necesidades
vitales. Constituye un acercamiento a Cristo de manera mutilada y parcial
y, por ende, errónea.
b) Integrismo sociopolítico: Se acentúa el otro
lado, el de la reciprocidad del mensaje de Jesús con las cosas. Jesús se
convierte en un caudillo sociopolítico, preocupado únicamente por las
realidades terrenas. La trascendencia se convierte en una excusa, a la que
se acude para justificar y legitimar el mundo de las cosas, sin que Dios
tenga mucho que ver con ellas.
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c) Postura integradora: Entre las cosas y Dios
no hay una continuidad automática. Entre ambos planos existe una
correspondencia que se fundamenta en la experiencia original del
Misterio pascual. Jesús, la Palabra de Dios, se hizo hombre en el
contexto social concreto de un momento histórico, igual en todo al hombre
menos en el pecado, aunque asumió solidariamente carne de pecado. Jesús no
propone un modelo «técnico» o «político» de actuación. Asume la estructura
organizativa de su tiempo, pero incita a resolver sus contradicciones.
Acepta la Ley y reclama sus necesidades, pero pone en evidencia sus
insuficiencias. Y todo ello lo realiza en función de su comunión con el
Padre y de la comunión con los hijos del Padre común. Jesús se inserta en
una sociedad concreta, pero eso no significa que minusvalore otros
posibles modos de organización. Por tanto, seguir a Jesús no conlleva un
seguimiento mimético del comportamiento histórico y puntual que él
desarrolló en su ámbito social. No es posible, en consecuencia,
interpretar todas las formas de vida posibles desde la univocidad. Más
bien, se requiere una integración en la vida social desde la pluralidad y
desde la insuficiencia.
1.3. Algunas concreciones del mensaje bíblico sobre los
bienes materiales
(4)
a) El Reino de Dios no se presenta como alternativa
al reino de este mundo, es decir, no presenta un programa económico o
político de restauración de la sociedad. La Iglesia primitiva comprendió
perfectamente la autonomía radical del mundo con sus estructuras
organizativas.
b) Pero el mismo cristianismo primitivo no renuncia a
un proyecto de Iglesia, con un modelo de convivencia fraterna, anunciando
un mundo nuevo promovido por el desinterés y la gratuidad.
c) Principios:
Los bienes de la tierra creados
por Dios son buenos en sí mismos.
Los bienes creados han de ser
considerados como dones del amor de Dios y de su liberalidad.
Los bienes terrenos están puestos
por Dios bajo el dominio del hombre.
d) Actitudes ante los bienes:
El hombre debe usar los bienes con
paz (1Tim 4, 4).
El hombre no tiene derecho
absoluto sobre los bienes (1 Cor 7, 29-31).
Puesto que son dones de Dios, el
cristiano debe confiarse plenamente a la Providencia, pedir los
suficientes y agradecer los recibidos (Mt 6, 25-33).
Los bienes materiales, como son
signos de bienes superiores (el Reino de Dios) han de ordenarse a
ellos sin menoscabarlos.
Como son bienes al servicio del
hombre, el hombre no debe someterse a los bienes materiales.
1.4. Síntesis
(5)
a) La Sagrada Escritura no contiene ningún tratado
sobre los problemas socioeconómicos ni sobre el comportamiento ante ellos.
b) La Sagrada Escritura ofrece una visión religiosa,
salvífica e histórica de la realidad social en el concreto contexto social
en que se desenvuelve.
c) En Jesús de Nazaret, en lo que respecta al ámbito
socioeconómico, encontramos las siguientes actitudes:
El anuncio del Reino de Dios
constituye la promesa escatológica y la decisión humana y gozosa de
servicio a la justicia.
El servicio de Jesús a los hombres
se muestra en su preferencia por los pobres, pecadores y marginados.
La libertad de Jesús ante la Ley,
el culto y el poder comporta un compromiso de liberación social.
La muerte de Jesús es consecuencia
de su comportamiento ético, y su actitud ante la vida se constituye
en norma para sus seguidores.
NOTAS
1.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. BAC. Madrid 1996. Pág. 28.
(volver)
2.
GALINDO, A. Moral socioeconómica. Op. cit. Págs. 29-30.
(volver)
3. GALINDO, A. Moral
socioeconómica. Op. cit. Págs. 30-32.
(volver)
4. GALINDO, A. Moral
socioeconómica. Op. cit. Págs. 40-41.
(volver)
5. GALINDO, A. Moral
socioeconómica. Op. cit. Págs. 32-33.
(volver)
Andrés Francisco Peña
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