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¿Dónde se escribió el Evangelio de
Marcos?
Seguramente ya has oído que el Evangelio de Marcos se
escribió en Roma, pero ¿te has preguntado en qué nos basamos para afirmarlo?
En este mapa están marcados los tres posibles lugares de origen de este
Evangelio. Cada una de estas opciones tiene ciertas razones a favor, es lo que
vamos a intentar deslindar, con lo que, al mismo tiempo, comenzaremos a conocer
la forma en la que se estudian los Evangelios actualmente.

Jerusalén
El primer candidato como lugar de origen del
Evangelio de Marcos es Jerusalén. Esta posibilidad tiene dos textos como
fundamento: Mc 15, 21 y Mc 15, 40. Pasamos a analizarlos.
“Pasaba por allí de vuelta del campo un tal
Simón de Cirene (padre de Alejandro y Rufo), y lo forzaron a cargar con la cruz”
(Mc 15,21)
Lo llamativo de este texto es que se
identifique a Simón de Cirene por sus hijos (Alejandro y Rufo), cuando lo
normal sería identificarlo a partir de sus padres (vg. Mc 1,19-20; 2,14).
Incluso nuestra propia costumbre de usar apellidos es una forma de
identificarnos a partir de nuestros padres. ¿Cuándo identificamos a alguien
como “el padre de”? Cuando sus hijos son particularmente conocidos por
aquellos a los que nos dirigimos. Y, aplicando esta idea al texto: ¿Dónde
podían ser conocidos Alejandro y Rufo? lo razonable es responder que en
Jerusalén, donde debemos suponer que vivirían. El que escribió esta frase lo
hizo pensando que sus lectores conocerían a Alejandro y Rufo, de otra manera
hubiera sido inútil mencionarlos, y esto se debe aplicar a los cristianos de
Jerusalén. Por tanto tenemos aquí un indicio de que este evangelio se
escribió pensando en que lo leería la comunidad de Jerusalén.
“Estaban allí mirando a distancia unas
mujeres, entre ellas María Magdalena, María madre de Santiago el menor y de
José, y Salomé” (Mc 15, 40)
La traducción que vemos aquí del texto es
sólo una de las posibles de la frase griega original que admite diversas
posibilidades de traducción (Gerd Theissen, en su libro “Colorido local y
contexto histórico en los Evangelios”, p. 200 propone seis traducciones
distintas) ya que la frase puede ser entendida en el sentido de que, por
ejemplo, María sea esposa, madre o hija de Santiago el Menor. ¿Podemos salir
de la duda? No, porque para eso deberíamos conocer a la familia de Santiago el
Menor, cosa que nos resulta imposible. Y ahí está el quid de la cuestión: el
que escribió la frase debió suponer que los que la leyeran conocerían a la
familia, es decir, la escribió pensando en personas cercanas a la familia de
Santiago el Menor, razonablemente, de nuevo, personas radicadas en Jerusalén.
Estos dos argumentos, con toda su fuerza, no dejan de tener
puntos débiles, el fundamental está en el hecho de que los dos textos están
situados en la historia de la Pasión que es el núcleo original de lo que se
transmitió oralmente sobre Jesús a través de la predicación de los primeros
misioneros. En estas tradiciones orales pueden haber quedado, como fosilizados,
datos concretos como estos, que delatan su origen en Jerusalén, pero que pueden
haberse puesto por escrito sólo después de una larga etapa de tradición en
lugares muy distintos. Por eso los investigadores han buscado también otros
posibles lugares de origen del Evangelio.
Siria
El segundo lugar posible como origen del Evangelio de Marcos
es Siria, posiblemente Damasco. A favor de esta hipótesis podemos aducir tres
textos: Mc 1,16, Mc 7,31 y Mc 10,1.
En 1,16 y 7,31 se menciona el mar de Galilea. Ese mar
se refiere a lo que cualquier persona que conociera el Mediterráneo llamaría
un lago, ya que, de hecho, se trata de un lago de agua dulce, y no demasiado
grande, como se puede comprobar consultando cualquier mapa. Una persona que
llame “mar” al lago de Galilea debe ser alguien poco familiarizado con el
Mediterráneo que viva en un lugar del interior. Una buena candidatura que
cumple con estos requisitos y además contaba con comunidades cristianas es la
provincia romana de Siria, y de forma particular su capital, Damasco.
Por otra parte en 10,1 se sitúa Judea “al otro lado del
Jordán”. Esta situación supone que el que habla está en el lado contrario
del Jordán, es decir, al Este de Judea. Esto también nos orienta hacia la
provincia romana de Siria.
Pero tampoco estos argumentos son absolutamente decisivos.
Pudiera darse el caso de que se tratase de tradiciones recibidas por un autor
con pocos conocimientos geográficos que, por tanto las recibe y transmite tal
como le llegan.
Roma
La tercera posibilidad que se propone como lugar de origen
del Evangelio de Marcos es Roma, la capital del imperio. A su favor encontramos
cuatro textos: Mc 7,3-4, Mc 15,22, Mc 10,11-12 y Mc 12,42.
En 7,3-4 y 15,22 el autor del Evangelio explica las
costumbres y las palabras hebreas. Esto supone que piensa que sus lectores no
las conocen. Deberíamos pensar, por tanto, en destinatarios que viven en
lugares alejados de Palestina donde el judaísmo es poco conocido.
En 10,11-12 encontramos una frase que difícilmente pudo ser
dicha por Jesús tal y como aparece textualmente en el Evangelio, porque el
repudio del varón por parte de la mujer no tenía lugar en las leyes y
costumbres judías. Hubiera sido muy extraño que Jesús hubiera dicho lo que
aparece en el versículo 12, porque sus oyentes, judíos, habrían pensado que
el que una mujer repudiase a su marido era algo imposible. Lo que aquí se ha
hecho es adaptar un dicho de Jesús a unas costumbres distintas de las judías,
ya que en las sociedades grecorromanas la mujer sí tenía la posibilidad de
repudiar al marido. No se trata de cambiar el pensamiento de Jesús, sino
precisamente de ser fiel a ese pensamiento por encima de las costumbres locales:
lo que Jesús quería mostrar era la indisolubilidad del matrimonio, y esto debe
ser aplicado tanto al hombre como a la mujer. Tenemos, por tanto, un caso de
adaptación de un dicho de Jesús a la cultura grecorromana, lo que nos lleva a
concluir que el autor del evangelio lo compuso para lectores que vivían en
lugares donde tanto el hombre como la mujer podían romper legalmente el
vínculo matrimonial.
Lo dicho hasta ahora nos orienta hacia lugares alejados de
Israel y de cultura grecorromana, pero el dato definitivo lo tenemos en 12,42,
donde aparece una viuda pobre que echa en el cepillo del Templo “dos leptas,
esto es, un cuadrante”. El cuadrante era una moneda romana, prácticamente
desconocida tanto en Israel como en la zona oriental del Imperio. Sería absurdo
explicar que dos leptas equivalen a un cuadrante para personas que no saben lo
que es un cuadrante, pero Marcos lo hace, por lo que debemos deducir que estaba
pensando en lectores que usaban el cuadrante como moneda. Este es el dato que
nos orienta con más precisión hacia Roma.
Conclusión
Resumiendo, tenemos tres posibles lugares que se ofrecen como candidatos a
ser el origen del Evangelio de Marcos: Jerusalén, Siria y Roma. La hipótesis
que parece más convincente es la de Roma por una razón de peso: es más
lógico pensar en tradiciones orales en torno a Jesús que se extiende a partir
de Jerusalén por la parte oriental del Imperio y finalmente son recopiladas en
Roma que pensar en tradiciones romanas de Jesús que, después de haber hecho el
camino de ida hasta la capital del Imperio, vuelven a oriente y son puestas por
escrito allí. De todas formas el problema es bastante más complicado de lo que
hemos visto aquí, donde sólo pretendemos dar una visión más o menos general
de la forma en que se realizan los estudios exegéticos actuales. Para mayor
información se puede consultar la bibliografía final de esta introducción al
Evangelio de Marcos.
EL ESCOLIASTA
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