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La Comunidad de Roma y la construcción del
Evangelio
La comunidad de Roma
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LA FORMACIÓN DE LOS EVANGELIOS
El acontecimiento que dio
lugar a todo el Nuevo Testamento es la existencia de Jesús, que vivió en
Palestina a principios del siglo I. Rechazado por los dirigentes
religiosos, fue crucificado por Poncio Pilato hacia el año 30 d.C. Jesús
transmitió su mensaje oralmente, por lo que no escribió nunca nada,
mucho menos los escritos que actualmente forman el Nuevo Testamento.
La historia de Jesús no
terminó con la muerte, resucitó y a partir de la venida del Espíritu en
Pentecostés continúa su vida en la Iglesia. Los primeros cristianos sintieron la necesidad de ser fieles a Jesús, para lo que
necesitaron ir recordando todos los acontecimientos de su vida a la luz de
la Resurrección. Serán tres
las circunstancias fundamentales que llevarán a los cristianos a retomar
el recuerdo de Jesús como orientación de su vida: la predicación a los
no cristianos, la celebración de la Eucaristía y la catequesis en la que
los nuevos bautizados son instruidos en la vida de la comunidad. En cada
una de esas ocasiones era necesario recordar la enseñanza y la vida de
Jesús como fundamento de la fe que se transmitía y vivía en el seno de
las comunidades cristianas. Poco a
poco irán apareciendo unas primeras recopilaciones escritas de hechos y dichos de
Jesús.
Finalmente llegará el
momento en que los autores de los cuatro evangelios se deciden a reunir
las tradiciones ya existentes sobre Jesús y ponerlas por escrito de forma
ordenada, esto es lo que termina dando lugar a los cuatro evangelios que
hoy conocemos.
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Como hemos visto, Marcos escribió su evangelio pensando en
las necesidades de la comunidad cristiana de Roma. A partir de otros estudios
podemos llegar a la conclusión de que este primer evangelio se escribió entre
los años 60 y 70 d.C. Por todo esto la primera pregunta que nos
plantearemos será:¿cómo eran y qué problemas tenían los cristianos de Roma
en aquella época?
Sociológicamente, la comunidad cristiana de Roma estaba
formada por cristianos provenientes del paganismo, es decir, fundamentalmente
no judíos. Son un pequeño grupo que vive en una situación de
semiclandestinidad y a veces de total clandestinidad a causa de los periodos
intermitentes de persecución que se producen en todo el Imperio y
especialmente en la capital (Una de las persecuciones más fuertes del
cristianismo, la de Nerón, tuvo lugar precisamente en el año 64 d.C.). Todo
esto lleva a los cristianos a correr un cierto peligro de desarraigo:
por una parte no se identifican con un Imperio que en ocasiones los declara
enemigos públicos, por otra parte pueden sentir como ajena una fe en Jesús
cuyo origen judío no comparten plenamente.
Teológicamente tampoco están demasiado claras las
cosas, hay distintos puntos de vista sobre el sentido y el valor de
Jesús. Hay quienes lo presentan como el más poderoso de los seres divinos,
para lo que se sirven sobre todo de relatos de milagros con los que pretenden
mostrar su grandeza. Otros (entre ellos San Pablo) centran la predicación en
Jesús muerto y resucitado. Ninguna de las dos opciones, siendo ambas
verdaderas, carece de riesgos. Si pensamos en Jesús sobre todo como un hacedor
de milagros corremos el riesgo de terminar considerándolo como un simple
curandero, si nos centramos únicamente en su resurrección el riesgo será el
de espiritualizar tanto el cristianismo que pierda su arraigo en la humanidad de
Jesús.
A partir de esta situación Marcos compondrá su Evangelio
intentando responder a todos estos que son los problemas concretos de su
comunidad cristiana.
La construcción del Evangelio
Marcos es como uno de aquellos albañiles de antes,
experimentado en muchas obras pequeñas, al que un buen día le proponen hacer
una casa. Sabe aprovechar los materiales que haya y se pone a hacer la casa
teniendo una idea general de lo que quiere hacer, pero que tendrá que ir
adaptando según como vaya la obra.
Los materiales: Tradiciones recibidas por Marcos
Lo primero es ver los materiales que tenemos para hacer la
casa. Marcos, para hacer su Evangelio cuenta con los siguientes:
- Una colección de parábolas (4, 1-34)
- Un discurso apocalíptico (13)
- La historia de la Pasión (14-16)
- Una larga serie de tradiciones orales, entre las que
destacan bastantes relatos de milagros y que distribuirá por todo el
Evangelio.
- Una experiencia personal de fe y vida cristiana.
Con estos materiales hay que hacer un Evangelio para los
cristianos de Roma, por lo tanto habrá que usarlos según las necesidades de la
comunidad: Marcos quiere corregir las ideas parciales de Jesús que comienzan a
aparecer, al mismo tiempo debe mostrar a los cristianos de Roma que ellos, no
judíos, tienen también un lugar entre los seguidores de Jesús y que las
persecuciones no deben desanimarlos.
Los planos: Estrategias narrativas
Para dar respuesta a estas necesidades Marcos tiene dos
grandes ideas que regirán todo el edificio: la distribución del tiempo,
en la que será determinante la idea del secreto mesiánico y la distribución
del espacio caracterizado por su oposición o aceptación de Jesús.
El secreto mesiánico
El tiempo en el Evangelio de Marcos está regido por una idea
genial: el secreto mesiánico. El punto de partida es sencillo: Marcos conoce
muchos relatos de milagros de Jesús y a partir de ellos quiere construir el
armazón de la narración de su vida pública, pero se da cuenta de que con esto
se corre el peligro de pensar en él simplemente como el que puede arreglarlo
todo con una palabra. Basar la fe en Jesús simplemente en los milagros es un
error grave, porque la verdad definitiva sobre él sólo se conoce a partir de
su muerte y resurrección. Del mismo modo puede ser un error pensar que Jesús
es Mesías y, a partir de nuestra propia idea de cómo debe ser un Mesías
decidir de antemano cómo debe ser Jesús. Las cosas son al contrario, es
conociendo a Jesús como descubrimos lo que significa realmente ser Mesías.
A lo largo de la primera parte del Evangelio se muestra
cómo, a pesar de contemplar los milagros, nadie llega a descubrir quién es
verdaderamente Jesús. Por eso Jesús aparece continuamente imponiendo
silencio ante los intentos de divulgar sus acciones (Mc 1,44; 3,12; 5,43).
Las cosas cambian a partir de la confesión de Pedro en
Cesarea de Felipe (Mc 8,27-30). A partir de este momento los discípulos creen
saber quién es Jesús: el Mesías. Pero sus ideas sobre cómo debe ser un
Mesías están equivocadas. Ahora a quien Jesús impondrá silencio es a sus
discípulos después de la Transfiguración (Mc 9,2-13). Comenzará a
instruirlos y el ritmo de la instrucción lo marcarán los anuncios de la
Pasión (Mc 8,31-33; 9,30-32;10,32-34), porque sólo desde la cruz se podrá
comprender lo que significa ser Mesías.
Todo esto puede provocarnos a nosotros, lectores del siglo
XXI, serias dudas: ¿Realmente hizo Jesús tantos milagros? ¿Sabía él con
tanta certeza todo lo que iba a pasar? Son dudas importantes, pero para
resolverlas debemos en primer lugar ponernos en el punto de partida de Marcos,
que no es un historiador científico de nuestra época. Marcos sabe que Jesús
realizó curaciones (y de eso podemos hoy estar seguros) y le llegan múltiples
relatos sobre esas actuaciones de Jesús. Ante estos relatos él no se plantea
si su origen es exacto o son fruto de la imaginación popular que atribuye cada
vez más cosas a Jesús. La pregunta de Marcos ante los relatos de milagros no
es: ¿es verdad que ocurrió esto exactamente así? sino: ¿qué verdad sobre
Jesús puedo encontrar en este relato? Esta es ya una enseñanza para nosotros
como cristianos: la cuestión fundamental no es qué hizo exactamente Jesús
(aunque esta sea una cuestión importante), sino, a partir de lo que hizo
Jesús, qué es lo que hoy hace y puede hacer Jesús en mi vida. Esa es
la cuestión que preocupó a Marcos y la que hace que su Evangelio no sea un
resto arqueológico sino una enseñanza viva y actual. Podemos comprobar como
Marcos mezcla en su Evangelio los verbos en pasado con los verbos en presente:
para él Jesús no es solamente alguien que hizo cosas, sino que sigue actuando
en el mundo porque está vivo y presente en la comunidad de sus seguidores.
Lo mismo ocurre con las predicciones de la Pasión. Por
supuesto que Jesús fue cada vez más consciente de que su forma de actuar le
granjeaba enemigos mortales y de que su vida estaba en juego, pero lo que Marcos
quiere hacernos ver es todavía más importante: si queremos seguir a Jesús nosotros
también debemos contar con la cruz en el horizonte de nuestro camino y no
echarnos atrás.
La geografía del Evangelio
En Marcos el espacio se organiza poniendo en relación de
oposición a unos lugares con otros. La oposición principal es entre Galilea
y Jerusalén. Toda la primera parte del Evangelio se sitúa en torno a
Galilea, después Jesús viaja a Judea y sube a Jerusalén, donde se desarrollan
los acontecimientos de la Pasión. Las alusiones a Jerusalén que aparecen en la
época galilea suelen tener un sentido hostil: de Jerusalén provienen los que
no aceptan a Jesús y le plantean problemas (Mc 3,8; 3,22; 7,1).
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JESÚS Y LOS
DISCÍPULOS
Un tema que recorre todo el
Evangelio de Marcos es el de la relación entre Jesús y sus discípulos.
Todo comienza con un episodio poco verosímil: Jesús, siendo un perfecto
desconocido, llama a los primeros discípulos y éstos se van con él (Mc
1,16-20). La situación de este pasaje al principio del Evangelio no
obedece a razones históricas, sino teológicas: desde el principio Jesús
lo hace todo acompañado de sus discípulos. Incluso cuando los envía a
predicar podríamos esperar que el Evangelio nos contara lo que hacen los
discípulos sin Jesús o Jesús sin los discípulos. Lo que ocurre es que
la narración se interrumpe para contar la muerte de Juan el Bautista y se
retoma ya con el reencuentro entre los discípulos y Jesús (Mc 6,7-30).
Desde el comienzo, por tanto, Jesús está siempre con sus discípulos y
Marcos no puede decir nada de él si los discípulos no están a su lado.
El mensaje es claro: no podemos entender a Jesús sin su Iglesia ni a la
Iglesia sin Jesús.
Esto acentúa el dramatismo
de los acontecimientos de la Pasión, en ese momento Jesús se queda solo,
los discípulos huyen. Desde esta perspectiva la narración de la cruz se
convierte para todo discípulo en una llamada de Jesús. Marcos nos deja
un mensaje importante: Jesús necesita seguidores, pero en la cruz está
sólo ¿quién está dispuesto a acompañarlo hasta el final?
Es la misma llamada que se
repite en la escena de la resurrección: las mujeres no dicen nada por el
miedo (Mc 16,8). Pero si el anuncio de la resurrección nos ha llegado a
nosotros es porque ha habido personas que han superado ese miedo. De nuevo
nos encontramos ante una llamada ¿Seremos nosotros capaces de superar el
miedo y llenar el vacío que deja ese silencio? |
Galilea es el lugar de la predicación del Evangelio,
mientras que Jerusalén es el lugar de la cerrazón al anuncio de Jesús. En
Jerusalén muere Jesús, en Galilea se presenta resucitado (Mc 16,7). Galilea,
tierra donde conviven judíos y paganos, es el símbolo de la apertura universal
del mensaje de Jesús.
Hay también otra oposición geográfica que se manifiesta en
la primera parte del Evangelio, la que se sitúa entre la tierra donde hay
judíos y la tierra donde hay paganos. Continuamente vemos a Jesús cruzando
de la orilla judía a la orilla pagana del mar. Varias veces vemos como Jesús
va a la parte judía, se encuentra con la oposición de los letrados y fariseos
y vuelve a territorio pagano (Mc 6,53-7,24; 8,11-13).
Esta geografía tiene un sentido, Jesús no se deja
encerrar en ningún lugar. Es el mismo Jesús el que inauguró el movimiento
que tiene que impedir una y otra vez que el Evangelio quede encerrado en
cualquier tipo de Jerusalén.
La construcción: pequeñas estructuras narrativas
Lo que hemos visto son los planos del Evangelio a nivel
general, pero ahora Marcos se enfrenta a la tarea de convertir todo esto en un
relato, para eso hará como un albañil que va construyendo habitación por
habitación. Todo el Evangelio está formado por pequeñas estructuras
narrativas que se unen para formar un conjunto armonioso.
Un ejemplo lo tenemos en la estancia en Cafarnaum (Mc
1,21-39) en donde Marcos nos ofrece un breve resumen de toda la actividad de
Jesús. En Mc 4,35-5,20 se encadenan una serie de escenas que muestran las
dificultades con las que se encuentra el anuncio del Evangelio entre los
paganos y como finalmente se superan.
A veces Marcos usa estructuras más rebuscadas como la inclusión
semítica, que consiste en mezclar dos relatos que se se iluminan mutuamente
de modo que comienza con uno, lo deja inacabado, cuenta el segundo relato y
termina contando el final del primero. Es como una especie de bocadillo en la
que un relato queda encerrado en otro. Podemos buscar algunos ejemplos para
intentar comprender como se relacionan entre sí las distintas cosas que se
cuentan (Mc 11, 12-26; 14, 1-11; 14,53-15,15).
En otras ocasiones usa una construcción simétrica
para contraponer dos realidades opuestas, como los éxitos y conflictos en la
labor de Jesús (Mc 1,16-2,28) o su muerte y su resurrección (Mc 15,16-16,8).
La argamasa que une todo el edificio de este Evangelio es el
estilo propio de Marcos, un narrador directo, que cuenta las cosas con cierta
crudeza (Mc 9,19; 14,50) y sin buscar alardes literarios. También es propio de
Marcos el fijarse en detalles concretos que no tienen ningún significado
especial, pero que dan un toque de realidad y autenticidad a las escenas (Mc
2,3; 5,22; 5,42-43).
EL ESCOLIASTA
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