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La Eucaristía en Sto. Tomás de Aquino
Como principio de este tema hemos escogido esta antífona de
Sto. Tomás en la que podemos encontrar la triple significación que le da al
banquete eucarístico: conmemora la pasión y resurrección del Salvador,
significa el don actual de su gracia y anuncia la gloria futura. Por tanto
hablaremos de la Eucaristía como representación del sacrificio de la cruz,
como presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo por medio de la
conversión sustancial de los elementos y finalmente como anticipo y
garantía del convite del Reino de Dios.
La Eucaristía representa el sacrifico de la cruz
En primer lugar, para Sto. Tomás la Eucaristía es el acto
de Cristo sacerdote que se hace presente como inmolación única y eficaz,
porque sus actos salvíficos tienen una calidad perenne y son siempre
simultáneos con todo tiempo. La misa es un sacrificio a causa de que conmemora
y representa la inmolación insuperable de Cristo.
Se debe considerar lo que por medio de este sacramento es
representado, que es la pasión de Cristo... Por eso los efectos que la pasión
de Cristo hizo en el mundo, este sacramento los hace en el hombre.
Suma Teológica, III, q.75, a.1
La representación hace del efecto universal de Cristo una
realidad efectiva en la vida personal de todos los que reciben la
Eucaristía. Por medio del recuerdo litúrgico los ritos de la misa refiguran la
pasión y la resurrección. Según Sto. Tomás el misterio pascual está
presente en particular por la presentación distinta del cuerpo y de la sangre
bajo las especies del pan y del vino: símbolo de la muerte violenta que priva
al cuerpo de su sangre.
Santo Tomás muestra el sentido profundo y dinámico del
recuerdo litúrgico, además da relieve a la acción personal de Jesús
en la Eucaristía: El hace el pan y el vino partícipes verdaderos de su
autodonación, de modo que la Iglesia se ofrece y es ofrecida con él al Padre,
mediante los elementos que representan su sacrificio. Por la representación
memorial el acontecimiento salvífico pasado asume una nueva presencia
espacio-temporal aquí y ahora.
La Eucaristía significa el don actual de la gracia del
Salvador
El siguiente paso en la explicación tomista de la
Eucaristía es mostrar como la representación eficaz de la pasión y de la
resurrección, su efecto en el cristiano, depende el hecho de que este
sacramento mismo es un signo eficaz, un símbolo real que comunica el don
de la gracia de Cristo de un modo enteramente especial.
Por los sentidos no se puede apreciar que estén en este
sacramento el verdadero cuerpo y la sangre de Cristo, sino por la sola fe, que
se apoya en la autoridad de Dios... Y esto es conveniente a la perfección de la
nueva ley. Pues si los sacrificios de la vieja sólo contenían en figura el
sacrificio de la pasión de Cristo... convino que tuviera algo más el
sacrificio de la ley nueva, instituido por Cristo; es decir, que contuviera al
mismo Cristo sacrificado, no sólo en significado o figura, sino también en
realidad.
Suma Teológica, III, q.75, a.1
La afirmación fundamental es que Cristo está verdaderamente
presente, aunque esta presencia es accesible sólo a la fe. La Eucaristía es un
símbolo real porque Cristo mismo está en ella, se revela, existe y actúa
en ella. La Eucaristía manifiesta y presenta la realidad primaria que
significa: el cuerpo y la sangre de Cristo dado en sacrificio por los hombres y
entrado en la gloria para su salvación. Pero Cristo está presente no según un
modo físico o visible, sino según el modo y la fuerza de las cosas espirituales.
Por eso Sto. Tomás habla de una presencia real según un modo espiritual.
Para explicar la conversión del pan y del vino
eucarísticos, que sustenta la presencia real de Cristo, Sto. Tomás usa la teoría
de la transubstanciación: Mientras permanecen los accidentes del pan y del
vino es la substancia de éstos la que se transforma en la substancia del Cuerpo
y Sangre de Cristo.
Lo que quiere Sto. Tomás con esta teoría es responder a una
cuestión central en la teología eucarística: ¿Como unir de modo claro la
realidad visible significante (el pan y el vino) y la realidad invisible
significada (el cuerpo y la sangre de Cristo)? Según Tomás, las dos son
preservadas en la enseñanza de la transubstanciación: Por una parte los
accidentes del pan y del vino son los símbolos reales que significan la pasión
y la resurrección de Cristo: lo que se ve es la realidad significante. Por otra
parte lo que es invisible a los sentidos, la conversión del pan y del vino en
el cuerpo y sangre de Cristo, sirve para conducir a los creyentes a la realidad
significada, la presencia real de la persona del Salvador.
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Sto. Tomás entiende por substancia una cosa o una persona
examinada en su ser intrínseco, dotada de una unidad y de una consistencia
propias, hecha abstracción de sus cualidades y propiedades diversas. Un hombre,
compuesto de muchas sustancias diversas (Sangre, huesos, tejidos...) es siempre
una sola substancia. Por tanto Sto. Tomás quiere decir que en la Eucaristía
hay un cambio de substancias en el sentido de que el ser intrínseco del pan y
del vino, una realidad metafísica, no experimentable por los sentidos e
invisible, se convierte en el ser intrínseco del cuerpo y de la sangre de
Cristo. El cuerpo de Cristo no puede ser tocado o comido en su especie
propia, sino solo en las especies sacramentales que lo ocultan a nuestros
ojos y nuestra experiencia sensible.
Anunciar la gloria futura
En este sacramento se pueden considerar aquel de quien
procede el efecto, Cristo, en él contenido, y su pasión representada, y
aquello por lo que el efecto se produce, el acto sacramental y sus especies. Por
las dos cosas le compete conducir a la consecución de la vida eterna... La
comida del alimento espiritual y la unidad significada en las especies de pan y
vino se obtienen imperfectamente en el presente y de manera perfecta en el
estado de gloria.
Suma Teológica, III, q.79, a.2
Sto. Tomás presenta dos aspectos de la Eucaristía como
consecución de la gloria: (1) El acto redentor de Cristo, del cual la
Eucaristía es el memorial sacramental, nos ha dado acceso a la gloria, y
(2) sólo en el cielo serán plenamente realizadas la saciedad espiritual y
la unidad eclesial que simbolizan las especies sacramentales. Por tanto el
sacramento no tendrá plenamente su materia sino en el cumplimiento
escatológico.
Se salva la tensión entre la presencia actual de la
salvación (la saciedad de los deseos humanos por Dios y la unidad de la Iglesia
son accesibles en el presente) y el todavía no (la entera saciedad y la unidad
perfecta están reservadas a la visión beatífica). Así se toma en serio el
aspecto escatológico de la Eucaristía como verdadero anticipo del banquete
del Reino. No es solamente que este sacramento represente el convite del
reino, sino que también ofrece una verdadera, aunque imperfecta, participación
anticipada en él.
Conclusión
La teología eucarística de Sto. Tomás es testimonio de la
progresiva cerrazón de la experiencia eucarística cristiana. Durante la Edad
Media la reflexión y la piedad eucarísticas se van concentrando cada vez más
en la relación individual de adoración que se establece entre el cristiano
y Cristo. Esta es la razón de que la cuestión fundamental sea la presencia
real de Cristo.
Pese a los méritos considerables de la teoría de la
transubstanciación, en ella se manifiesta la rígida perspectiva del
pensamiento medieval. Sto. Tomás, concentrándose enteramente en el pan y el
vino sobre el altar, olvida la reciprocidad del misterio Iglesia-Eucaristía
característica del pensamiento eucarístico anterior. Según Sto. Tomás la
Iglesia es significada pero no contenida en la Eucaristía.
Sto. Tomás retoma muchas perspectivas bíblicas y
patrísticas en su enseñanza eucarística, mientras clarifica la naturaleza del
cambio de los elementos para llegar a un síntesis. El problema se plantea
cuando, en la teología posterior, la idea de transubstanciación se
convierte, junto con el sentido sacrificial, en el núcleo central y casi único
de la teología eucarística. Esto provocó un cierre en la comprensión de
la Eucaristía que durará hasta el siglo XX.
EL ESCOLIASTA
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