Domingo II Adviento A
Domingo I Adviento A
Jesucristo, Rey del Universo
Domingo XXXIII Ordinario C
Domingo XXXII Ordinario C
Domingo XXXI Ordinario C
Domingo XXX Ordinario C
Domingo XXIX Ordinario C
Domingo XXVIII Ordinario C
Domingo XXVII Ordinario C
Domingo XXVI Ordinario C
Domingo XXV Ordinario C

Domingo II Adviento A
5 de diciembre

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del profeta Isaías. (Is 11, 1-10)

     En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre.
     Herirá al violento con el látigo de su boca, con el soplo de sus labios matará al impío. Será la justicia ceñidor de sus lomos; la fidelidad, ceñidor de su cintura.
     Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No hará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
     Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 71)

R. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
     tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
     a tus humildes con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia
     y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
     del Gran Río al confín de la tierra.

Porque él librará al pobre que clamaba,
     al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
     y salvará la vida de los pobres.

Que su nombre sea eterno
     y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos
     y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. (Rom 15, 4-9)

     Hermanos:
     Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.
     Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, como es propio de cristianos, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo.
     En una palabra, acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas, y por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia.
     Así dice la Escritura: Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo. (Mt 3, 1-12)

Work, vacancies, resume: ny immigration lawyer . . seo is an ongoing effort to increase the organic relevancy in the.

     Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:
     -Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.
     Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.
     Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
     Y acudía al él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
     Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:
     -Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente?
     Dad el fruto que pide la conversión.
     Y no os hagáis ilusiones pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.
     Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.
     Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias.
     Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
     Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.

Volver al inicio


La esperanza que nos lleva a la conversión

El profeta Isaías sigue alentándonos en la esperanza, aunque estos anuncios proféticos nos desconcierten. Cuando los oímos nos alegramos porque participan de nuestros deseos, porque lo que anuncian es lo que todos deseamos: esa concordia y esa paz universal que alcanza todos los estratos de la creación. Sin embargo, cuando contemplamos la realidad poco a poco la esperanza se va desvaneciendo ante la angustia, la desazón y el malestar que provoca el realismo de los hechos. Es imposible alcanzar, pensamos, lo que se nos promete.

El poema del profeta canta una paz definitiva, una nueva creación. Del tronco viejo, de su raíz, brotará un vástago nuevo, un retoño florecerá; es decir, se alumbra un nueva existencia marcada por el Espíritu del Señor, y fundamentada en la justicia. Cristo, el Mesías es el nuevo retoño que nace del tronco de David; el Espíritu del Padre se posará sobre él para traer la justicia y la misericordia de Dios. El pobre, el desamparado, el pecador serán el objeto del amor del Padre por medio del Hijo: Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre (…). Será la justicia ceñidor de sus lomos; la fidelidad ceñidor de su cintura.

Hoy más que nunca necesitamos de la reconciliación para caminar en el proyecto de salvación que Dios Padre ha hecho realidad en la Encarnación de su Hijo. La armonía de toda la creación, que canta el profeta, es obra sólo de Dios. Él es el único que reconcilia toda su creación, y que hace que la savia provoque un brote nuevo. Sin embargo, la acción de Dios que suscita un vástago y que nos abre a una esperanza nueva en Cristo, se convierte para el hombre en invitación y tarea.

Las lecturas de san Pablo a los Romanos y el Evangelio nos sitúan en esta perspectiva. Aceptar la invitación de Dios que nos llama a la conversión porque está el Reino de Dios entre nosotros, y en tarea para que nos dejemos guiar por el Espíritu de Dios en la construcción del Reino preparando el camino al Señor. San Pablo nos invita aprender de las escrituras para que crezca en nosotros la esperanza: Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Nos exhorta, también, a dirigirnos al Padre, fuente de toda paciencia y consuelo pidiéndole que nos conceda la unidad. Ésta es fruto de un corazón reconciliado y reconciliador, es fruto de sabernos acoger sinceramente los unos a los otros, con sus diferencias y con sus pecados teniendo como modelo a Cristo que nos ha acogido sin reservas, que no juzga por apariencias ni oídas, sino que mira profundamente el corazón del hombre al que ama y por el que se entrega. La hospitalidad de nuestro corazón no se realiza desde el orgullo, la prepotencia o desde una actitud de superioridad, sino desde el servicio fiel que nace de la conversión al Evangelio, a Cristo, teniendo entre nosotros los mismos sentimientos que él tuvo. Cristo se ha hecho, por medio de la Encarnación, servidor todo el género humano, por ello los que somos de Cristo por el bautismo, nos hemos hecho en él servidores del hombre y testigos de la esperanza que hemos recibido.

La voz del profeta Juan que anuncia la llegada del Mesías debe resonar constantemente en nuestros oídos como una llamada permanente a la conversión, a preparar y allanar los senderos de Señor. Juan e Isaías proclaman la intranquilidad a la que nos somete la Palabra de Dios, porque el camino que debemos recorrer es una existencia entregada a la lucha por la justicia, por la paz, por la dignidad del ser humano, por el diálogo sincero y honesto entre los hombres, por la paz entre la religiones; en definitiva, en luchar contra todos aquellos muros que separan, aprisionan y aplastan al ser humano.

Son muchos los muros que aún quedan por derribar, pero hay uno que creo que es el más importante y que está en cada uno de nosotros: nuestras resistencias a la acción del Espíritu. Nos cuesta convertirnos al Señor y a veces lo que intentamos no es convertirnos a él, sino convertirlo a él a nosotros. Nos gusta manipular a Dios de tal manera que buscamos justificaciones a nuestra manera de actuar, nos justificamos cuando no acogemos la Palabra de Dios en su radicalidad diciendo que la sociedad, sus ritmo, sus intereses nos hacen vivir de tal manera que no podemos escapar de ella; que es difícil dar una respuesta al evangelio en medio de este mundo de bienestar que nos hace estar muy a gusto y acomodados. La intranquilidad a la que nos somete Juan e Isaías es a la cuestión que debemos siempre estar respondiendo: ¿A que Dios debemos convertirnos? Y como toda conversión conlleva unas renuncias serias y unas exigencias continuas. No podemos convertirnos al Señor sin renunciar al status, a las seguridades, al bienestar que nos ofrece nuestra sociedad consumista. Si queremos una sociedad más justa, más tolerante, más igualitaria, más pacífica…, no podemos tenerla si no somos capaces de renunciar a muchas cosas en el camino.

Los cristianos debemos creernos que hemos sido bautizados con el Espíritu Santo y que él nos da las fuerzas necesarias para ser fieles al don de Dios y a las exigencias que nacen de ese don y que se transforman en tarea liberadora para nosotros y para toda la humanidad. El camino de la conversión se inicia en la acogida de ese don, en la apertura a Dios capaz de transformar al hombre, de ser liberación de nuestro corazón esclavo; de aceptar la Palabra de Dios en toda su riqueza confiando fielmente en ella, dejándose guiar por el Espíritu de Cristo.

Antonio Manuel Montosa

Volver al inicio

   

Portada | Fe | Biblia | Domingo | Pasión | Camino | Libros | Enlaces | Correo
EL ESCOLIASTA 2004

 

El Escoliasta. Para reflexionar y vivir la fe Sitemap home