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31 de octubre

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría. (Sb 11,23 - 12,2)

     Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te compadeces de todos, porque todo lo puedes; cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia si tú no las hubieses llamado?
     Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 144)

R. Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.

Ten ensalzaré, Dios mío, mi Rey;
     bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día te bendeciré,
     y alabaré tu nombre por siempre jamás.

El Señor es clemente y misericordioso,
     lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
     es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor;
     que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
     que hablen de tus hazañas.

El Señor es fiel a sus palabras,
     bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
     endereza a los que ya se doblan.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses. (2Tes 1,11 -2,2)

     Hermanos:
     Siempre rezamos por vosotros para que nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación; para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; y para que así Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo.
     Os rogamos, a propósito de la última venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras: como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 19, 1-10)

     En aquel tiempo entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
     -Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
     Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo:
     -Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
     Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:
     -Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
     Jesús le contestó:
     -Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

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¡Cambiad de mentalidad!

Continuamente nos está llamando Dios a la conversión, a entrar en comunión con él. Jesucristo pasa por nuestra vida y debemos reconocer en él el amor misericordioso del Padre, siempre dispuesto al perdón y al misericordia. La misericordia que nos permite convertirnos y caminar por las sendas de Jesús. Una conversión que no es sólo ponerse en pie y reconocer a Jesús como el Señor, como el hijo de Dios, sino que también es comprometerse con los hermanos en dar frutos de caridad. Convertirse implica un cambio y una transformación de la mente y del corazón para ser un hombre nuevo.

De nuevo pone Lucas en relación a Jesús con un publicano: Zaqueo. Y, de nuevo la gente murmura sobre la actitud de Jesús de ir a hospedarse a casa de un pecador. Zaqueo era bien conocido en Jericó pues era jefe de recaudadores y rico y, la figura del recaudador, aunque fuese de nacionalidad judía, era el símbolo del renegado y del mercenario al servicio del poder de Roma. Zaqueo polariza en su persona todas las iras de la sociedad israelita, puesto que se había enriquecido a costa de la miseria del pueblo sometido. En pocas palabras Lucas nos describe al personaje, su calidad humana, su situación y su intención: ”Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quien era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí”.

El encuentro de Jesús con Zaqueo va a suponer para éste su salvación. Salvación que ya había experimentado el ciego al que Jesús devuelve la vista al entrar en Jericó (Lc 18, 35-43). Aparece aquí, uno de los temas queridos por Lucas: la conversión y sus exigencias. Zaqueo, llevado por la curiosidad, se acerca a Jesús y termina acogiéndolo en su casa, y repartiendo entre los pobres gran parte de su riqueza. De este modo, Jesús se revela de nuevo como el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. Este encuentro describe una experiencia muchas veces repetida a lo largo de la historia: la de todos aquellos que cambiaron su vida después de conocer a Jesús.

Por tanto, la conversión es una realidad humano-cristiana y salvífica fundamental que expresa originalmente el encuentro del hombre con Dios y decide sobre la orientación de la propia vida, moviendo nuestra vida desde el pasado, en el presente y proyectándola hacia el futuro. Jesús decide entrar en la casa de Zaqueo, en la vida de Zaqueo, en un momento presente y este encuentro le hará caer en la cuenta de su pasado y le abrirá un nuevo camino hacía el futuro: le hará descubrir una forma nueva de ser y de existir no para sí sino para los demás.

La omnipotencia de Dios que es amor y compasión y misericordia hacia el hombre es lo que hace realidad la conversión. En su amor infinito Dios llama los hombres a entrar en comunión con él, le ofrece la salvación y la vida. Zaqueo ha experimentado que su condición de pecador público no ha impedido que Jesús entre en relación con él y, se autoinvite a compartir su casa; como ha experimentado en su propia existencia al Dios que se compadece de todos, que cierra los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan; que ama a todos los seres y a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

Zaqueo no rechazo a Jesús y no sólo lo acogió sino que reconoció su pecado y abrió su corazón al don de Dios, que lo transformó en una creatura nueva, siendo Jesús para él el lugar concreto, la personificación inmediata de Dios. Convertirse a Dios es convertirse a su persona. Es acoger su mensaje como Buena Noticia de salvación, es entrar en el Reino y creer en él. El mensaje de conversión es una llamada y una interpelación viviente que pone en ”crisis” a la persona y ante la que se debe dar una respuesta. Por tanto, el acto fundamental de la conversión es un acto de fe: convertirse es creer en la buena noticia.


La conversión y la fe que Jesús pide implican unas exigencias concretas: suponen una respuesta total, radical y definitiva; esta respuesta no sólo implica un abandono de los ídolos o de la mala vida, sino sobre todo una aceptación por la fe de Jesús como el Mesías, como el Hijo de Dios. La conversión debe ser una actitud continua, no es algo acabado, sino que día a día debemos ir convirtiéndonos al Dios que nos da la vida, como cada día debemos crecer en la fe. Por eso la conversión aunque es un acto personal que nos renueva, recrea y transforma siempre hace referencia a Otro: a Dios y a los hermanos. La conversión está referida a Dios, en primer lugar, porque es el principal del que depende, porque es gracia del mismo Dios, iniciativa de su bondad, obra de su misericordia. El otro punto de referencia son los hermanos. La conversión acontece en el interior del hombre, pero no debe quedarse encerrada en él mismo; necesita expresarse para ser plenamente humana y cristiana. Se expresa y se manifiesta por medio de la obras de justicia y caridad que verifica la conversión en la vida. La conversión es un proceso de salvación personal y para los demás, ya que Jesús, el Hijo del Hombre, viene a buscar al hombre con el fin de salvarlo de la situación de autodestrucción en el que él mismo se sumerge.

Antonio Manuel Montosa

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