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19 de septiembre

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Amós. (Am 8, 4-7)

     Escuchad esto los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ¿Cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano? Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 112)

R. Alabad al Señor, que ensalza al pobre.

Alabad, siervos de Señor,
     alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor
     ahora y por siempre.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
     su gloria sobre el cielo;
¿quién como el Señor Dios nuestro,
     que se eleva en su trono
     y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
     alza de la basura al pobre
para sentarlo con los príncipes,
     los príncipes de su pueblo.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a Timoteo. (1Tim 2, 1-8)

     Te ruego, pues, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en el mando, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos; éste es el testimonio en el tiempo apropiado; para él estoy puesto como anunciador y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de los paganos en la fe y verdad. Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 16, 1-13)


     En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
     -Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: -¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
     El administrador se puso a echar sus cálculos: -¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
     Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: -¿Cuánto debes a mi amo?
     Este respondió: -Cien barriles de aceite.
     Él le dijo: -Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe "cincuenta".
     Luego dijo a otro: -Y tú, ¿cuánto debes?
     Él contestó: -Cien fanegas de trigo.
     Le dijo: -Aquí está tu recibo; escribe "ochenta".
     Y el amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
     El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro, ¿quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

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No podéis servir a Dios y al dinero

El dinero injusto crea una dinámica que lleva a los que le sirven al egoísmo por encima de toda justicia y fidelidad. Por eso no se puede servir a Dios y al dinero. Cristo pide a sus discípulos una coherencia en el servicio de Dios tan consecuente como la del administrador en su vida al servicio de dinero. Al egoísmo e injusticia, consecuencia lógica del dinero injusto, debe corresponder el servicio desinteresado y honrado del que sirve sólo a Dios.

En su camino hacia Jerusalén Jesús va a hablar sobre el dinero y la riqueza. El capítulo 16 que comenzamos a leer contiene dos parábolas y una serie de sentencias que hablan de estos temas y del peligro de ellas.

No solamente ha hablado Jesús de los peligros que acarrean las riquezas sino que muchos siglos antes los profetas hablaron de este tema y de las injusticias que la riqueza entraña. El profeta Amós en el siglo VIII a.C. denuncia con su palabra las grandes injusticias que cometían los poderosos sobre los pobres. Se le ha calificado el ”profeta de la justicia social”.

A pesar del tiempo trascurrido entre el profeta Amós y nuestro tiempo, a pesar de los cambios evolutivos y de los avances científico-técnicos y de la aparente evolución social, los problemas que él denuncia siguen vigentes en nuestros días; su palabra sigue siendo tan nueva y tan directa como lo fue en el siglo VIII a.C.. Él predica en el reino del Norte, en Israel, en una época de florecimiento económico donde las desigualdades sociales se habían incrementado. La tesis de Amós es que no puede haber justicia ante Dios, si no existe entre los hombres.

Nuestro mundo parece ir por los mismos derroteros. Un mundo y unos hombres que incrementan su riqueza y, otro mundo, que sufre violencia e injusticia en la pobreza y la miseria más sangrantes. El sistema neoliberal nos ha atrapado en sus redes y está tejiendo una tela que está provocando el fenómeno llamado de la globalización acarreando un distanciamiento cada vez mayor entre los países pobres y países ricos y desarrollados. Pero el distanciamiento es aún más grave entre personas: la concentración de la riqueza esta cada vez en menos manos y la pobreza está creciendo cada vez más. Todo esto provoca sufrimiento, deshumanización, injusticia y violencia a extremos insospechados.

¿Qué nos dice Jesús ante las tremendas desigualdades de nuestro mundo actual? Lo primero nos lo dice en esta parábola sobre el administrador infiel. Jesús alaba la sagacidad con la que ha actuado el administrador rebajando las facturas de los acreedores y renunciando así, de esta manera, a la comisión que le corresponde. De esta manera tendría, luego, gente que le acogiese. Ha hecho una nueva inversión en términos humanos.

Esta es la inversión que Dios quiere: que invirtamos en los demás especialmente en los más necesitados y pobres. El dinero es una espada de doble filo, según se use bien o mal, es decir, para Dios y los demás o solamente para sí mismo excluyendo a los otros. Para ser hijos de la luz, hijos de Dios, hemos de ser hermanos de los demás, algo imposible para el que vive al servicio del dinero. Si no convertimos nuestro corazón a los criterios de Jesús sobre el dinero, los bienes y la riqueza renunciemos a ser cristianos. No valemos para ello aunque aparentemente llevemos una vida piadosa y cultualmente observante como los mercaderes a los que critica con dureza Amos en la primera lectura, que esperaban impacientes el cese del descanso sabático para seguir exprimiendo al pobre.

El afán de dinero es la raíz de todos los males dice san Pablo en la primera carta a Timoteo. De ahí brotan la explotación del hombre por el hombre, la pobreza, la incultura y subdesarrollo de unos frente a la opulencia y despilfarro de los otros, las rivalidades, odios y guerras entre todos.

Hoy Jesús nos invita a seguir un nuevo camino invertir nuestro dinero y nuestros bienes, muchos o pocos, en nuestros hermanos especialmente en los más necesitados. También nos avisa de la tiranía del dinero que nos esclaviza y nos insensibiliza ante la necesidad de los demás a quienes hace ver como mercancía y no como hermanos.

Antonio Manuel Montosa

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