Domingo V Cuaresma A
Domingo IV Cuaresma A
Domingo III Cuaresma A
Domingo II Cuaresma A
Domingo I Cuaresma A
Domingo V Ordinario A
Domingo IV Ordinario A
Domingo III Ordinario A
Domingo II Ordinario A
Bautismo del Señor
Epifanía del Señor
Santa María Madre de Dios
La Sagrada Familia
Natividad del Señor
Navidad - Epifanía
Domingo IV Adviento A
Domingo III Adviento A
Domingo II Adviento A
Domingo I Adviento A

Domingo III Adviento A
12 de diciembre

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del profeta Isaías. (Is 35, 1-6a.10)

     El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría.
     Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.
     Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor.
     Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 145)

R. Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
     hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
     El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego,
     el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
     el Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda
     y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente;
     tu Dios, Sión, de edad en edad.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago. (St 5, 7-10)

     Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor.
     El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía.
     Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.
     No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta.
     Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo. (Mt 11, 2-11)


     En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
     -¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?
     Jesús les respondió:
     -Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se siente defraudado por mí!
     Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
     -¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?
     Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito:
     "Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti".
     Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él.

Volver al inicio


La alegría en la esperanza produce sus frutos

La lectura del profeta Isaías, que se proclama este domingo, es un canto lleno de vida y de esperanza. La acción de Dios en medio de su pueblo producirá una fertilidad que escapa a la compresión de la lógica humana. Es ahí en la esperanza que anuncia el Adviento donde se fundamenta el gozo del creyente. La paciencia de la espera se debe realizar en la alegría del que sabe que los frutos llegarán a su tiempo. Santiago, usando la comparación del labrador que pacientemente espera a que la lluvia empape la tierra y haga germinar la semilla, pide que nos mantengamos firmes en la fe porque la venida de Señor está cerca. En el Señor Jesús, en su persona, en su mensaje y en sus obras está presente la Buena Noticia de liberación para los pobres, destinatarios preferidos del Reino. Isaías anticipa los frutos del tiempo mesiánico. Hay que robusteced la rodillas vacilantes, y animad el corazón, porque el Señor viene a salvarnos. La oración del salmo, en el que pedimos que el Señor venga, expresa de una manera sintética la acción salvadora de Dios que provoca un cambio de situación marcado fundamentalmente por la fidelidad de Dios hacia los desvalidos.

Sin embargo, la mayoría de las veces, lo que el hombre espera no es lo que se realiza, y posiblemente tampoco es lo que quiere que se realice. La esperanza mesiánica del pueblo de Israel e incluso del propio Juan Bautista se ve frustrada. Se esperaba un Mesías triunfador que derrotara a las fuerzas enemigas que sometían al pueblo de Israel. E incluso Juan que había anunciado la llegada del Mesías invitando a la gente a convertirse para escapar de la ira inminente de Dios, que tiene el hacha en la mano para cortar por el tronco aquel árbol que no da buen fruto, se sienta defraudado y frustrado.

Pudo parecerle a a Juan, que había oído desde la cárcel las obras de Cristo, que la conducta de Jesús no respondía a la imagen del Mesías que él había dibujado ante la gente y sus propios discípulos. Las imágenes que Juan utilizaba en su predicación no parecían casar con la mansa actuación de Jesús que acogía a los pecadores hablándoles y mostrándoles el amor compasivo y misericordioso del Padre.

Ante eso Juan quiere saber si Jesús es el Mesías esperado. Para ello manda dos discípulos a preguntar si era él el qué tenía que venir o aun había que seguir esperando a otro. Jesús no se limita a responder con un si o un no. Responde con su acción. Es decir, con la acción generadora de vida y salvadora de Dios ya anunciada por el profeta Isaías. Id anunciara Juan lo que estáis viendo y oyendo. La Buena noticia se ve y se oye, y después se anuncia. Se ve en Cristo y se oye en su mensaje y, la anuncia aquel que la acoge con sinceridad y no se siente defraudado por ella.

Por tanto, Jesús responde plenamente al Bautista; y lo hace mostrando la presencia del Reino de Dios en su persona y en su actividad profética. Jesús no se remite a signos estrictamente “religiosos”, como podían ser para un judío el culto en el templo, la liturgia en la sinagoga, la observancia sabática, las abluciones y ayunos; sino a signos “profanos” e incluso impuros: acogiendo a los leprosos, comiendo con los pecadores y además sanando en sábado …

La acción mesiánica de Dios es la entrega absoluta al hombre, la compasión y la misericordia incondicional, el amor sin límites que transforma el corazón humano ofreciendo el perdón y haciéndolo nacer a una vida nueva.

Mucha vida, proclamaba un televisión en algunos anuncios. Pero, sin embargo, nunca tendremos la plenitud de la vida al margen de Cristo. Él si que es verdadera vida que transforma al hombre liberándolo, sanándolo y salvándolo. Donde hay un corazón que ama sinceramente, donde hay una mano que se tiende al prójimo sin ningún tipo interés, donde hay una palabra que consuela, que anima y da esperanza, donde se comparte un trozo de pan, o se defiende una vida humana que no es rentable, donde se perdona y se busca la paz, donde existen voces capaces de denunciar los abusos contra todo ser humano… ahí hay está presente la acción mesiánica de Dios.

¿Somos capaces de ver la acción de Dios en medio de este mundo? ¿Cómo comprendemos nosotros la acción liberadora de Cristo? ¿Esperamos como Juan un Dios vengador que acabe con la maldad del hombre?

El creyente confiesa a Jesús, Dios y hombre, como el salvador presente y operante en la historia humana convirtiéndose así en historia de la salvación de Dios. Creemos que la liberación humana por Dios no se realiza fuera de nuestro mundo, en el más allá solamente, ni prescinde del esfuerzo humano. Por eso, la fe auténtica, el auténtico creyente vive su existencia no desentendiéndose de los problemas que asolan nuestro mundo, no se muestra conformista con la injusticia social, ni se resigna al fatalismo, ni se refugia en un seudo-espiritualismo tranquilizante. Sino que capta y aporta los signos de liberación que han de acompañar la venida del reino entre los hombres. El cambio de mentalidad y conducta que debe provocar el adviento es una conversión personal y social a Dios, a los hermanos y a la construcción de un mundo mejor. El creyente sabe que la máxima alienación del hombre es la realidad del pecado en el mundo: la idolatría del poder y del dinero, que cierran el corazón al amor y a la justicia por causa del egoísmo que generan.

Jesús es, por tanto, nuestra esperanza y nuestro gozo. Será en la alegría de esa esperanza como podamos dar frutos en el Señor, como testimonio de lo que vemos y oímos: los ciegos ven, los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y sobre todo a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Y dichoso el que no se sienta defraudado por él.

Antonio Manuel Montosa

Volver al inicio

   

Portada | Fe | Biblia | Domingo | Pasión | Camino | Libros | Enlaces | Correo
EL ESCOLIASTA 2004

 

El Escoliasta. Para reflexionar y vivir la fe Sitemap home