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21 de noviembre

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro segundo de Samuel. (2Sam 5, 1-3)

     En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron:
     -Hueso y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además, el Señor te ha prometido: "Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel". Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 121)

R. ¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"!

¡Qué alegría cuando me dijeron:
     "Vamos a la casa del Señor"!
Ya están pisando nuestros pies
     tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
     como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
     las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel,
     a celebrar el nombre del Señor.
En ella están los tribunales de justicia,
     en el palacio de David.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses. (Col, 1, 12-20)

     Hermanos:
     Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, tronos, dominaciones, principados, potestades; todo fue creado por él y para él.
     Él es anterior a todo y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. (Lc 23, 35-43)


     En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo:
     -A otros ha salvado; que se salve a sí mismo si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
     Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
     -Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
     Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Este es el Rey de los judíos.
     Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
     -¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
     Pero el otro le increpaba:
     -¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
     Y decía:
     -Jesús, acuérdate de mi cuando llegues a tu reino.
     Jesús le respondió:
     -Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

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Jesús es el Señor

En él reconocemos al Primogénito entre los muertos, a la Cabeza de la humanidad y de la Iglesia. En él todo ha sido llamado a la plenitud y por él todas las cosas serán consumadas cuando Dios sea “todo en todo”. Creemos en él como el Hijo de Dios encarnado en Jesús de Nazaret, como el hermano que ha sido exaltado, como la palabra salvadora de Dios. No tenemos Otro Nombre en el que encontremos la salvación, ni otro camino, él es el único camino de nuestra realización personal y colectiva.

Todas las tribus de Israel fueron a Hebrón, donde estaba David, para elegirlo rey de Israel. Todos lo aceptaron y los ancianos lo ungieron rey. La aceptación de David como rey -como nos lo cuenta el segundo libro de Samuel- contrasta con el rechazo de Jesús como Rey - como lo relata el Evangelio de Lucas-.

Como cada año al final del litúrgico tiempo ordinario la liturgia de la Iglesia nos presenta la celebración de esta fiesta: Jesucristo Rey del universo; o lo que es lo mismo Jesucristo como Señor de todo y de todos. Sin embargo, para comprenderlo es necesario descubrir que él es Señor en la medida que es el Cristo crucificado. Y, ante esto podemos reaccionar lo mismo que reaccionaron ante la cruz.

El evangelio de hoy podemos dividirlo en dos partes. En la primera se nos manifiestan cuatro reacciones ante el espectáculo de la crucifixión; en la segunda, el diálogo de Jesús con los malhechores crucificados con él, y las reacciones antagónicas de éstos.

Las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo: A otros ha salvado; que se salve a si mismo y él es el Mesías de Dios, el Elegido. Lo jefes se burlan porque no pueden concebir a un Mesías crucificado, pues él ha de salvar al pueblo de la opresión; fomentan una idea de mesianismo triunfante. Posiblemente esta idea esté presente en muchos de los creyentes de hoy. Dios tiene que ser todopoderoso que quite de un plumazo todo el sufrimiento que hay en el mundo, todo lo que provoca el mal y la destrucción. También los soldados se burlan de él no pueden comprender a un rey que no hace nada para defenderse, y le manifiestan su odio, simbolizado por el vinagre; el letrero, puesto encima de la cruz corrobora la irrisión de que es objeto.

Será, en la segunda parte, en el diálogo con los dos malhechores como Jesús se revelará como Rey. Uno de ellos participa de la burlas del pueblo y de los soldados, el otro en cambio, reconoce la inocencia de Jesús, mientras él se reconoce culpable. La muerte de Jesús comienza a dar sus frutos. Aquellos que reconozcan a Dios en la debilidad, aquellos que reconozcan la “misericordia” de Dios revelada en la humanidad de Jesús, lo podrán reconocer como Rey. El centurión, si leemos un poco más el evangelio de Lucas, ante la muerte de Jesús exclama: Verdaderamente este hombre era justo o lo que es lo mismo Verdaderamente este era Hijo de Dios - en palabras de Marcos-.

Dios se nos ha revelado en lo humano, en la debilidad de nuestra carne; no se trata sólo de que Dios se dio a conocer en un hombre, sino que Dios se hizo hombre en Jesús. Por eso Jesús es el hijo de Dios. Celebrar esta fiesta significa celebrar la soberanía de Dios sobre la creación y los hombres para llenarlos de su amor. Dios reina trayendo paz y justicia, y su reino es un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. El Reino que se inaugura en Jesús y que él ha hecho presente, debe hacerse presente en sus discípulos ya que consiste en una relación nueva que Dios establece con los hombres, especialmente con los pobres. Pero no todos aceptan ese reino, ni a Jesús como “Rey”, por eso, exige conversión, fidelidad al Evangelio, ya que los frutos que debe dar son frutos de amor, misericordia, entrega, servicio al hombre, solidaridad, lucha por la justicia... Y toda la Iglesia, hecha presente en cada comunidad que se profesa el nombre de Jesús como el Señor, debe de anunciarlo y trabajar por él.

Son muchos los ídolos que oscurecen el rostro del crucificado, pidámosle el don de la gracia y del Espíritu para convertirnos cada día más a él y a su proyecto de vida.

Antonio Manuel Montosa

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