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Amor y pedagogía...
o cuando la dialéctica se hace estéril, y se
obstaculiza la verdad, se traba la libertad y se niega la vida
Ambientación de la novela de
D. Miguel de Unamuno
PLANTEAMIENTO
Augusto Comte ), como más
claro exponente del positivismo, va a proclamar su famosa ley de los tres
estadios: mítico-teológico, metafísico, positivo
(1).
En el estado teológico el ser humano
entiende que los fenómenos naturales dependen de los poderes
sobrenaturales. En lo más primitivo de esta etapa el hombre fetichista
cree que los poderes naturales están en las cosas; después dominará el
politeísmo donde supuestos dioses imperarán en amplias zonas de la
realidad; finalmente el monoteísmo se hará dueño con un fuerte potencial
imaginativo.
En el estadio metafísico los fenómenos
naturales se explican por entidades abstractas, denominadas esencias,
naturalezas intrínsecas, formas o almas, fines últimos. Son imaginaciones
pero aciertan en ser un intento de explicación racional.
Por último, llegará el estado positivo.
Es el triunfo de la razón que explica los fenómenos naturales a partir de
la experiencia sensible. Se formulan leyes científicas con las que
organizar y dominar los hechos y las cosas. Estamos en el estado perfecto
donde la realidad suplanta a la imaginación. Es la edad adulta de la
humanidad.
Este planteamiento comtiano podemos
presentarlo como la culminación de un proceso iniciado en el Renacimiento,
que supone la fragmentación del conocimiento. Pero, sobre todo, manifiesta
una beligerancia infructuosa entre los distintos métodos de búsqueda de la
verdad. Comte lo presentará principalmente como un poderoso instrumento
para aniquilar la religión. Estas tendencias están en pleno auge en el
siglo XIX iluminando los propósitos de sabios e intelectuales. Sin
embargo, la propia teoría de Comte lleva ya implícito el germen mismo de
su falsedad: en principio su análisis es exclusivamente filosófico y no
científico y, en segundo término, ninguno de los estados posteriores ha
suprimido al anterior. Comte tendrá que luchar contra la religión, que no
desapareció con los sucesivos estados y llegará, al final de sus días, a
idear la religión de la humanidad, con su dios, sus sacramentos, sus
sacerdotes (2).
Pero la intención de este estudio no es
exponer o someter a crítica el pensamiento positivista o cientista de
Comte; más bien su fin es desvelar que el pensamiento expuesto no es
circunstancial ni esporádico, que viene a responder a toda una tendencia
de exclusivismo metodológico y objetivo en el estudio de la realidad. Esto
nos situará de manera clara en los antecedentes literarios de la obra de
Unamuno sobre la que versan estos comentarios.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS REMOTOS
A partir de los datos que poseemos,
podemos establecer la hipótesis de que los primitivos humanos, desde muy
antiguo y mediante la observación, consiguieron grandes avances en sus
formas de vida. La curiosidad humana no tiene fronteras. El conocimiento
se nos presenta en su unicidad, mezclando métodos y objetos, pues la única
meta es interpretar la realidad en su totalidad. En el Paleolítico ya se
intercalan creencias y observaciones, técnicas y ritos. Pero cuando los
datos son abrumadoramente mayores, observamos que se van produciendo unos
saltos cualitativos que traspasan los tiempos de la antigua Edad de piedra
hasta el Neolítico. El hombre ha visto, ha experimentado y ha aprendido a
cultivar los campos; también aplica las primeras técnicas de modificación
de la conducta animal y aprende a domesticar al ganado. A finales del
Neolítico (año 5000 a C.) podemos asistir al nacimiento de la astrología.
Convive pues en estos largos y remotos tiempos todo el conocimiento, sin
menoscabo, sin desprecios, sin reduccionismos o limitaciones. El mismo
hombre que investiga es quien tiene creencias animistas o totémicas o en
seres superiores, el que organiza la vida en sociedad en torno a lo
religioso, el que entierra a sus difuntos con ceremonias rituales o el que
construye los grandes monumentos megalíticos; está el pintor de las
cavernas, están los primeros escultores. El hombre ha emprendido la gran
aventura de su historia: saber y saberlo todo.
Y esta hazaña se proyecta desde los
albores de la historia a las grandes civilizaciones de la antigüedad:
Egipto, Asiría, Babilonia, Persia. La escritura origina ahora grandes
posibilidades, impensables con anterioridad. Es cierto que la religión
representa un papel crucial, pero no es menos cierto que el nacimiento de
los estados, de los ejércitos, de las leyes, de la arquitectura, de la
literatura... está expresando el afán humano por interpretar y acomodar la
realidad. Cada uno utiliza sus métodos con mayor o menor alcance, pero
todos tienden a la vez a un único fin. La imaginación es el motor de la
vida, pero ésta no puede confundirse con la ilusión patológica. Los mitos,
las leyes y las primeras concepciones filosóficas son muestra de la
inquietud humana por penetrar la realidad, por descubrir los secretos, las
causas y los modos de plasmarse y presentarse. La gran ventaja de estos
escasos conocimientos es su unidad invertebrada; es constituir una
cosmovisión dadora de sentido
(3).
De todo lo dicho hasta ahora no sería
adecuado deducir que ningún cambio de cualidad se haya producido. Más
correcto sería interpretar que la vida humana ha utilizado a la par todos
los medios a su alcance para adentrarse en las causas de las cosas,
manipularlas, dominarlas y aprovecharlas. En cada método se han producido
avances significativos e incluso revolucionarios, que no obstaculizan la
teoría expuesta, sino que la confirman.
Uno de esos importantes avatares va a
desarrollarse en el mundo griego; el método del mito como explicación de
las causas va a ir reduciéndose a favor de los grandes avances del
λογος
(explicación racional). El mito seguirá existiendo, incluso
embelleciéndose literariamente. Pero la constante observación de las
cosas, de la naturaleza y del cosmos, irá favoreciendo la sistematización
de los conocimientos adquiridos por la razón, que buscará sus últimas
causas. El mito permanecerá en la sabiduría popular; el pensamiento
racional será propio de los más doctos. Estos avances en los
descubrimientos de la razón se aplicarán también al mundo de la religión
que paulatinamente se desprenderá de las fantasías míticas y acomodará sus
creencias a los datos y razonamientos del entendimiento humano. La
filosofía no destruye a la religión, sino que la purifica, la limpia de
sus impurezas mágicas o vacuas supersticiones en beneficio de unas
convicciones sensatas y comprometidas. No obstante, para continuar
objetando a Comte, los primeros pensadores griegos fueron más físicos que
metafísicos, más científicos que filósofos.
Más tarde, los grandes intelectuales
griegos Platón y Aristóteles serán los iniciadores de la filosofía de las
causas últimas y de las esencias subyacentes. Es Aristóteles también el
pionero de una auténtica teoría sobre el conocimiento. Y su idea de que
nuestro entendimiento es «tamquam tabula rasa» estará presente en las
pretensiones del personaje unamuniano D. Avito.
Pero un dato más que apoya nuestro
criterio de que la unidad del conocimiento sigue presente en esta época lo
encontramos en los dos grandes filósofos del Lejano Oriente: Buda y
Confucio (Siglo VI a. C.). Éstos son fundadores no sólo de grandes
sistemas de análisis racional de la realidad, sino de grandes
cosmovisiones religiosas, y ambos compendios caminarán unidos,
constituyendo una ideología global sobre la vida.
De todo lo anterior se puede concluir
que en la antigüedad el conocimiento se desenvuelve en paralelo,
interrelacionándose, comunicando sus avances o retrocesos y presentando
grandes proyectos sobre la humanidad, la naturaleza y la sociedad; cierto
es que unos se desarrollan mientras otros decrecen o aminoran sus efectos,
pero unos y otros se prestan entre sí ayuda mutua para su
perfeccionamiento.
NOTAS
1. En 1830 Comte pública su obra Curso de filosofía positiva que no fue bien
acogida y supuso un fracaso en su carrera profesional.
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2. Obras de este período son
Tratado de sociología que instituye la religión de la humanidad
) y Catecismo positivista (1852).
(volver)
3. Puede verse entre otras obras
la Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado de Antonio
Truyol en Alianza Universidad. (volver)
Andrés Francisco Peña
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