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LA PERVIVENCIA DEL
MITO EN LA PUBLICIDAD
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II.- COMPRENDER LA PUBLICIDAD DESDE EL
MITOANÁLISIS.
1. Presentación.
Para realizar
una investigación eficaz es preciso señalar de principio las premisas en
que se apoya ésta, y ese es le primer propósito de la obra. Así comienza
determinando que la interpretación es un camino común en cualquier proceso
de conocimiento. Por esto, también es necesario saber de partida qué se
entiende por interpretación adecuada a la comprensión publicitaria. Ello
implicará insertar la interpretación publicitaria en el marco de la
interpretación en general.
Se van a resumir
en dos los modos fundamentales de saber: el de orden hermenéutico y el
marcado por el cientismo cuantitativista. Esta división ayuda, sin duda, a
una clarificación metodológica, aunque probablemente sea reduccionista. No
obstante es útil, independientemente de la terminología que se emplee.
Para LEÓN el saber hermenéutico plantea la comprensión interpretativa de
una realidad en el ámbito de las explicaciones globales sobre el ser y el
mundo, a partir de unos presupuestos de comprensión. Y el saber epistémico
se alcanza mediante procesos de verificación y constatación a partir del
método científico.
La conclusión
del anterior planteamiento no puede ser otro. Con ese presupuesto el
cientismo no puede ofrecer explicaciones globales como lo hace el
hermenéutico, que se pronuncia sobre finalidades, destino y valores,
aunque las conclusiones de aquél se impongan con mayor eficacia.
2. El saber
hermenéutico: nociones fundamentales.
A) Presentación
histórica:
En cuestiones
como ésta, formulado un prefacio situacional y de precisión conceptual, es
conveniente realizar un recorrido histórico, que requiere remontarse a los
orígenes de la materia, porque en ellos se puede ver con mayor pureza la
naturaleza de la cuestión, tarea por lo demás esencial al mito. Esto hace
LEÓN: recurrir a los principios del saber hermenéutico que asciende al
siglo VI a. C. El propio término de hermenéutica parece derivar del
apelativo del dios Hermes, mensajero de los dioses, cuya función será la
de interpretar y traducir a lenguaje humano comprensible la voluntad de
las divinidades sobre los hombres.
La cultura judía
pre-cristiana -dice LEÓN- elevará a la casta sacerdotal el arte del
conocimiento hermenéutico. Sin embargo, pienso que nuestro autor debería
también haber hecho mención a que la labor de revelar la voluntad de Dios
en Israel correspondió primero a líderes carismáticos no
institucionalizados y espontáneos, teniendo un inmenso desarrollo con la
profecía, a partir del siglo VIII a. C. Fue después, a partir del siglo V
a. C., en la época del judaísmo, donde esa función fue pasando a los
sacerdotes del Templo.
El profesor LEÓN
analiza a continuación los orígenes de la hermenéutica moderna, partiendo
de la práctica cristiana de la interpretación auténtica de la Biblia que,
como en el judaísmo, se ejercía en el campo sacerdotal. Pero con la
Reforma y su postulado de la libre interpretación, el filósofo y teólogo
Schleiermacher extrapolará la hermenéutica fuera del ámbito bíblico para
usarlo civilmente. Estos primeros esfuerzos seculares de la hermenéutica
se sustentan en tres premisas:
-
Interpretar supone sobre todo alcanzar
una empatía con el autor del texto; estar en su perspectiva, desvelando
su intención.
-
La primera hermenéutica tenía una
concepción realista: el sentido del texto estaba en él y debía
señalarse.
-
La razón es la hermenéutica que
permite acceder al sentido, pues el texto es por definición
transparente.
Todas estas
premisas están ya hoy superadas o bien muy corregidas y pulidas.
B) La cuestión
del autor
Llegamos a la
situación reciente de la hermenéutica actual. El autor nos presenta la
cuestión del autor. Frente a la posición de Heidegger y Gadamer de
entender el autor como un ser que transciende al autor inmediato, es
decir, como una comunidad creadora del lenguaje, la postura de Ricoeur es
intermedia. La mejor interpretación -piensa él- se deriva de entender las
razones del autor, pero también de entender al texto como un producto con
vida propia que supera las posiciones conscientes del autor
Planteada la
cuestión de principio, se pasa a concretarla en la publicidad, lugar en
que la cuestión del autor se complica por la multitud de autores empíricos
que confluyen en la configuración de un anuncio. Detrás de cualquier
anuncio, sin embargo, hay un autor más trascendental, sobre cuya identidad
hay diversas posiciones: el lenguaje (Scleiermacher), conocimientos de la
cultura (Mueller-Vollner), superestructura (Marx), autor modelo (Eco),
etc.
Pero no parece
razonable marginar al autor inmediato del producto publicitario. Todos los
autores trascendentes exigen de sus autores instrumentales o materiales
unas condiciones sin las que no puede existir la comunicación.
C) La cuestión
del sentido
Mucho más
compleja se presenta en nuestro trabajo la cuestión del sentido. Así lo
entiendo yo al menos; por eso he ordenado los epígrafes del libro en un
esquema dependiente. Los cuatro rótulos que siguen al titulado “la
cuestión del sentido” los he incluido como parte de este tema,
precedidos de una breve introducción.
a)
Introducción
No hay un
sentido único en un texto sino una pluralidad. La experiencia multisecular
parece cimentar esa máxima. La historia del pensamiento y de todas las
disciplinas del conocimiento parecen avalarla. Pero inmediatamente
después, son muy diversos los enfoques que se dan en la doctrina; desde la
comprensión como tarea inacabable (Scheierlemacher) hasta la renuncia a la
búsqueda de un posible sentido, dada la infinidad de lecturas posibles (Rorty),
pasando por la visión menos radicalizada de Eco de las infinitas
interconexiones del texto.
Desde esa
disparidad, por tanto, estamos obligados a buscar las claves de
legitimidad de la interpretación y la pertinencia de distinguir entre
lecturas arbitrarias y lecturas oportunas.
b) La razón como
herramienta interpretativa
Con el
postmodernismo la idea de una razón transparente ha quedado obsoleta. La
razón dueña de sí ha sido suprimida, surgiendo la multiplicidad de razones
(1). La única razón en vigor sería la instrumental para alcanzar fines en
último término irracionales. Para la mayor parte de la hermenéutica la
razón será válida para un análisis causalista, pero la comprensión última
surgirá de una iluminación, de una intuición inspiradora.
Sin embargo,
ambas -intuición y razón- no parecen separables. Hay un momento inicial
misterioso de percepción intelectiva, de surgimiento de la idea, tras de
lo cual viene la investigación, el sistema filosófico, la obra de arte,
elaborado todo ello con la razón, aunque la hermenéutica preferirá
insistir en la fase inaugural de la comprensión.
Los dos
parágrafos anteriores muestran las tesis del profesor LEÓN, a partir de
sus apreciaciones. Ésta es una de las aporías de nuestro tiempo y, tal
vez, de todos los tiempos, aunque quizá hoy -más que en otros- se
desconfía de las potencialidades humanas del aproximarse a la verdad. Pero
cada vez más se hace necesario una síntesis fundante. Así interpreto yo el
segundo párrafo: como un intento de cimentar el conocimiento.
Ese átomo de verdad del que partir para construir la investigación y la
ποιησις humanas.
c) El problema
de la legitimidad de la interpretación
Una vez supuesto
el argumento hermenéutico de la infinidad de sentidos, cabe dilucidar qué
interpretación del texto es válida o pertinente. Como en muchas temáticas
filosóficas, políticas y académicas se nos presentan posturas extremas y
visiones eclécticas entre ambas, que buscan su armonización. Aquí nuestro
autor pretende reunir lo mejor de cada una de las posiciones que nos va a
presentar. Hay posturas extremas -dice- (desde la interpretación literal
hasta la libertad absoluta de interpretación), pero las posiciones
intermedias parecen más razonables. Y para sostener su postura se vale de
un argumento de autoridad: Umberto Eco, que defiende una pluralidad de
sentidos más allá de la literalidad, pero también la necesidad de no caer
en el delirio interpretativo.
Dos valoraciones
expone sobre sentido literal: es un peligro pero conveniente; y pasa a
explicar ambos calificativos. Es peligro porque limita la comprensión a un
comentario de superficie. Es un lastre conveniente para evitar la
sobreproducción alegórica. En el campo publicitario la mayoría de los
anuncios son de literalidad comercial y simultáneamente alegoría; en esa
segunda dimensión inadvertida sus consecuencias son duraderas. Como hemos
visto en ese equilibrio se sustenta la publicidad. Parece ser que esa
doble dimensión (en cuanto peligro y en cuanto conveniencia) del sentido
literal constituyen el ser de la publicidad. El profesor LEÓN opta, no
obstante, por un predominio considerable del sentido literal, cuando otros
muchos hermeneutas prefieren, sin embargo, otros sentidos. Evidentemente
en publicidad, principalmente la audiovisual, el sentido literal va más
allá de los meros signos lingüísticos. Pero, entendiendo por literalidad
todo el conjunto de signos susceptibles de transmitir un mensaje, yo
también participio de que el sentido literal es imprescindible. No el
único, pero sí uno de los primordiales.
LEÓN, con el
auxilio de Pignoti, declara que, por consiguiente, se impone un esfuerzo
desvelador de las estructuras profundas a que apela la publicidad, para
evidenciar “la ideología de fondo que mantiene, de la misma manera que
la técnica de persuasión no se interpreta como intento de vender
mercancías, sino deseos” (2). En cuanto a los mensajes
subliminares han existido corrientes que los han sobredimensionado, pero
estos son sólo las capas más exteriores del significado publicitario. Por
eso en necesario ir más allá, desvelando metodológicamente las estructuras
ocultas de la existencia humana en el mundo.
Justificada la
interpretación ulterior al sentido literal del escrito e intencional del
autor, hay que fijar las condiciones de legitimidad del interprete. El
primer problema en este campo es la arbitrariedad o la subjetividad. La
Ilustración atacó duramente los prejuicios de las ataduras de la
tradición. Pero así configuraron la actitud -defendida por Gadamer- de
recontextualizar la idea de prejuicio, integrándolo con naturalidad en el
proceso interpretativo. La tarea natural del interprete es proponer una
comprensión de un texto inevitablemente conforme a sus preconcepciones. El
problema no es la existencia del prejuicio sino su calidad. Eso exige una
autoascesis que extirpe de la labor interpretativa las conveniencias
personales.
Acreditar
apodícticamente los resultados de la interpretación será tarea imposible.
La actitud hermenéutica no participa del avasallamiento del receptor.
También la episteme, fundamentalmente después de Popper, es menos
maximalista en cuanto a sus propuestas. Desde la hermenéutica se puede
defender una interpretación como plausible y completiva, sin que
necesariamente tenga que ser la única válida.
En estos dos
últimos párrafos se analiza una trascendental materia. Si importe es la
presencia del autor en sus textos, no menos importante viene a ser el
papel del lector. Y este asunto, si no se solventa adecuadamente, puede
introducirnos en un círculo sin salida. Nuestro autor pretende ese escape,
por el único lugar que parece quedar. Ante la imposibilidad alegada de que
el lector se desprenda absolutamente de sus prejuicios cabe esquivarse en
la autodisciplina y en la honradez intelectual y, siguiendo a Gadamer, en
la asunción natural y necesaria de la tradición -añadiría yo-. Asimismo,
la ambivalencia entre texto e interpretación seguirá siendo desarrollada
más ampliamente por José Luis LEÓN en el siguiente epígrafe.
d) La ejecución
hermenéutica
Verdaderamente
podría decirse que nos encontramos en un enunciado de contenidos
doctrinales fundamentales. Tanto en la teoría general como en la
aplicación especial al mundo de la publicidad, el modelo compresivo que se
propone es paradigmático. En este sentido LEÓN comienza afirmando que la
ejecución hermenéutica está constituida por el llamado círculo
hermenéutico, entendido en su vertiente metodológica como “un proceso de
carácter iterativo en el que una parte de los datos cualitativos o «texto»
es interpretado y reinterpretado para desarrollar una comprensión de
conjunto” (3). Ese círculo hermenéutico, a partir de Gadamer
(4), puede
entenderse como la confrontación entre interpretación y texto original,
realizada por el propio interprete, para ver si le hace justicia a éste
desde una posición de juez neutro.
El interprete ha
de tener sobre todo una preconcepción de sí mismo como ser limitado,
incapaz de dar una interpretación por completo acabada de un texto, y
aceptar que sus interpretaciones deben contrastarse y completarse con las
de otros interpretes. La constatación y la aceptación de este
condicionamiento como natural, creo que eliminará dogmatismos estúpidos y
posibilitará el avance en los hallazgos interpretativos, aunque también
tiene sus riesgos, como más abajo se nos alerta. Se asume, en primer
lugar, que en el proceso de confrontación surjan incompatibilidades entre
interpretaciones; entonces debe ponerse de nuevo en marcha la
hermenéutica, para establecer la pureza de las conexiones entre cada
interprete y su texto interpretativo. Y se advierte un posible riesgo
cuando idealmente el proceso interpretativo debe proseguirse ad
infinitum, aunque posiblemente esto no mejore la comprensión, sino que
degenere en incomprensión.
Para finalizar
estas consideraciones globales del círculo interpretativo, se apunta otro
factor: el paso del tiempo puede mejorar la interpretación de un texto
cuando éste hace presente la “historia de los efectos” del texto: frutos
generados del texto y acogida que su audiencia le ha tributado.
Por último se
alerta, por estimarse sospechosa, acerca de toda interpretación en la que
el interprete no produzca sino una paráfrasis de sus preconcepciones.
Entiendo que nuevamente será necesario la autoascesis a la que antes se
refirió LEÓN en su obra, y resultará muy provechosa la actitud operativa y
operante de una sabia humildad intelectual.
Ahora es
oportuno aplicar los enunciados anteriores al campo publicitario y
correlativamente urge hacer una advertencia en torno a la realización
entre el texto y sus componentes, cuya confrontación debe realizarse según
la noción de círculo hermenéutico. En el caso de la publicidad se puede
tomar un anuncio aislado en su unidad (“pequeño texto”) o, por el
contrario, un conjunto de anuncios que golpean en la misma dirección
(“gran texto”). Conforme a esto, la interacción habrá de ser establecida
entre las partes (cada anuncio) y el conjunto de un discurso particular,
que trascenderá anunciantes, productos, épocas o soportes mediáticos.
La asociación y
la confrontación serán el eje metodológico de la aplicación hermenéutica,
a diferencia del causalismo propio del conocimiento empírico. Se busca el
significado y la finalidad, no sus relaciones causales. La analogía, como
principio hermenéutico, supone “el poder de la sensación subjetiva, de la
similitud que une un simbolismo visible a un sentido invisible y un
fenómeno singular que es «divinizado» sin la intervención de conceptos
genéricos” (5).
e) Modalidades
del sentido de un texto o mensaje
Abordada la
cuestión del sentido en un plano teórico-abstracto, cabe ahora formular
una clasificación más positiva y concreta, procurando construir un
paradigma, una tipología exhaustiva. A eso se dedicará el presente
epígrafe. LEÓN aclara que la pluralidad de sentidos de un texto pueden
agruparse en tres grandes categorías:
-
El sentido inmediato y literal: En el
caso del anuncio esto provocará una comprensión en dos niveles:
-
El sentido alegórico: Cada elemento
del anuncio pasa a ser considerado de modo simbólico: los sujetos son
clases sociales, los productos son dotados de cualidades
antropomórficas, el espacio geomético representa el orden, el hogar la
protección etc.
-
Reconstrucción del sentido
tropológico, identificando serialmente anuncios al servicio de un mismo
valor. El anuncio es vehículo de un metamensaje. La agrupación de
categorías de anuncios al servicio de valores concretos hará que surja
un completo árbol de valores implantado por la publicidad: la publicidad
es vista, entonces, como un gran texto con una propuesta de mundo y de
cultura (6).
En las dos
primeras etapas de categorías es fácil encontrar el consenso; sin embargo,
en el estudio tropológico, como área suprema de la hermenéutica, se estará
muy al contexto de las preocupaciones de cada escuela interpretativa. Y
eso es posible porque la intrínseca ambigüedad del símbolo, especialmente
del mítico, es capaz de significar una cosa y su contraria a la vez,
puesto que la cultura simbólica se sitúa fuera de las coordenadas del
pensamiento racional, marcado éste por el principio de no contradicción.
3. El mito, en
clave hermenéutica.
Hasta aquí se ha
elaborado un preámbulo extenso, pero necesario. Ante cualquier estudio se
requiere proceder lógicamente. Hemos atendido a cuestiones fundamentales
sobre la interpretación en general, y de manera ordenada se han observado
los mecanismos de funcionamiento de la labor hermenéutica. Llega el
momento de dar un paso más en nuestro procedimiento lógico. También en una
visión global, pero centrándonos particularmente en el mito, hemos de
averiguar cómo debe comprenderse éste, qué función le corresponde y cómo
se cultiva en el círculo publicitario. A esa tarea se encomienda el
presente epígrafe.
A) El concepto
de mito
Comienza LEÓN
ofreciendo un significado preciso de mito, ayudándose de una de las
definiciones de la fenomenología de la religión, en este caso de Mircea
Eliade. Sin embargo, nuestro autor coloca esta definición en un tiempo
anterior, en la tradición; así dice que inicialmente significaba “una
historia sagrada, el relato de un evento que ha tenido lugar en el tiempo
primordial, el tiempo fabuloso de los orígenes”
(7). A continuación
ofrece otras posibilidades conceptuales de mito, acogiéndose a los hábitos
semánticos de nuestro tiempo. Hoy, en cambio, -afirma- tiene múltiples
usos. Se refiere a estándares de conducta social, ideologías, símbolos
colectivos etc. Pero lo latente en el mito es una enseñanza sobre el ser
humano y sobre lo que le trasciende, pues los mitos “explican el mundo,
justifican los hábitos y los ritos, ofrecen las causas de las pautas de
comportamiento y relatan por qué las cosas son de un modo determinado”
(8). Entiendo que de esta manera LEÓN opta por un concepto polisémico de
mito que le vendrá bien para facilitarle el análisis con mayores
posibilidades indagatorias y literarias aunque esto irá en detrimento del
rigor científico. Y prosigue con una descripción fenoménica y
circunstancial de mito. Éste -dice- es siempre actual y recurrente. Esa
capacidad de pervivir a lo largo del tiempo es lo que hace al mito
diferente de cualquier otra narración.
El mito no es
una historia o entidad única, sino una diversidad de historias contadas en
diferentes tiempos y lugares. En el fondo, está reescritura encierra una
interpretación del mito, por donde vemos la inseparable vinculación entre
mito y hermenéutica, en una nueva versión de la circularidad primigenia de
la hermeneusis. Todas las formas de redescripción que el mito expresa
pertenecen como a un fondo común arquetípico. Esa previa comunidad entre
psiquismo y mito explicará a la postre la eficacia de las comunicaciones
que consiguen hablar un lenguaje común a ambos.
En este
escenario de conceptualización de mito y de agrupación de sus rasgos
esenciales creo oportuno traer a colación una cita del propio Mircea
Eliade que puede aportar nuevas perspectivas a la concepción y finalidad
de los mitos y, sobre todo, podría iluminar un estudio más profundo y
preciso en la línea de la intuición que José Luis LEÓN ha tenido:
“La distinción hecha por los indígenas entre "historias
verdaderas" e "historias falsas" es significativa. Las dos categorías de
narraciones presentan "historias", es decir, relatan una serie de
acontecimientos que tuvieron lugar en un pasado lejano y fabuloso. A pesar
de que los personajes de los mitos son en general Dioses y Seres
Sobrenaturales, y los de los cuentos héroes o animales maravillosos, todos
estos personajes tienen en común esto: no pertenecen al mundo cotidiano.
Y, sin embargo, los indígenas se dieron cuenta de que se trataba de
"historias" radicalmente diferentes. Pues todo lo que se relata en los
mitos les concierne directamente, mientras que los cuentos y las fábulas
se refieren a acontecimientos que, incluso cuando han aportado cambios en
el Mundo (cf. las particularidades anatómicas o fisiológicas de ciertos
animales), no han modificado la condición humana en cuanto tal.
En efecto, los mitos relatan no sólo el origen del Mundo, de
los animales, de las plantas y del hombre, sino también todos los
acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha
llegado a ser lo que es hoy, es decir, un ser mortal, sexuado, organizado
en sociedad, obligado a trabajar para vivir, y que trabaja según ciertas
reglas. Si el Mundo existe, si el hombre existe, es porque los Seres
Sobrenaturales han desplegado una actividad creadora en los "comienzos".
Pero otros acontecimientos han tenido lugar después de la cosmogonía y la
antropogonía, y el hombre, tal como es hoy, es el resultado directo de
estos acontecimientos míticos, está constituido por estos
acontecimientos”(9).
Este texto
aporta unos rasgos interesantes sobre los mitos, a diferencia de todas las
apreciaciones meramente descriptivas de los exteriores del fenómeno: las
historias de los mitos relatan los acontecimientos primordiales que han
constituido lo que es el hombre, ya que es el resultado de la actividad
originaria que desplegaron los seres sobrenaturales. Por eso estas
historias les conciernen directamente. Sin embargo, por
concomitancia, con su consecuente inexactitud, el concepto mito se ha
diluido en la actualidad en plurales concepciones de otras historias que,
aunque emparentadas, solamente en apariencia son similares.
La anterior
acotación, como otras que haré posteriormente, no pretenden minusvalorar
la obra de LEÓN, sino que, partiendo de su intuición original y valiéndose
de locuciones unívocas de mito, magia y religión, podría llegarse -tras
una ardua tarea, por supuesto- a un contundente, riguroso, completo y
fundamental estudio sobre la posible sustitución de las funciones sagradas
por parte de la publicidad, y sus potenciales implicaciones en los
terrenos psíquico, social, antropológico y religioso.
B) Oposición y
complementariedad entre mito y logos
El Renacimiento
significó de manera tangible la división y fragmentación del saber. En ese
trayecto podríamos señalar como punto culminante la teoría comptiana de
los tres estadios excluyentes, en los que el surgimiento del estadio
metafísico aniquiló el mítico-religioso y, a su vez, el estadio positivo
derogó el filosófico. En este ambiente LEÓN manifiesta la moda reciente de
establecer la distinción entre Μυτος y
Λογος, si bien él, como otros muchos
intelectuales actuales, no establece superación de uno sobre el otro: el
μυτος considerado como narración
fabulosa, al margen de la experiencia de la realidad, pero profundamente
explicativa con la ayuda de la hermenéutica; el
λογος como discurso intelectual,
lógico, pegado a una percepción “natural” de las realidades. La cultura
humana está permanentemente cruzada por el antagonismo entre
μυτος y λογος.
Los foros de
prestigio son para el λογος, pero ese
discurso lógico es generador de profunda insatisfacción, porque renuncia
pronunciarse sobre demasiadas cuestiones que preocupan a muchos. El
discurso mitológico acude a esos ámbitos con sus imágenes e historias
suprarreales. La literatura y la publicidad son los vehículos del mito.
El
λογος es lento en su prudencia, busca
acumular pruebas y demostraciones; el μυτος
tiene toda la osadía que al logos le falta, pronunciándose sobre el ser
humano y sus relaciones con los profundo, sin temor a la contradicción.
Procura no provocar reacciones adversas para así llegar al fondo de la
ψυχή sin problemas.
Cuando se han
fijado los campos propios de cada uno de los estadios, LEÓN observa otra
evidencia: también se dan las conjunciones entre el mito y el logos.
Se puede advertir un logos en el mito, cuando, por ejemplo, se
aprecia la condición social fundante del mito y los problemas de
legitimidad social que surgen cuando se destruye. De igual modo el mito
está presente en el logos; por ejemplo, el proceder alegórico del
mito se encuentra en muchas formas rigurosas del pensamiento moderno. Por
tanto nuestro autor asume, como también lo hago yo, la postura de Cassirer
que ha propuesto una reconciliación final entre mito, arte, ciencia y
religión.
C) Publicidad,
trasunto del mito
Un nuevo avance
en nuestro razonamiento se nos propone. Vistas las categorías esenciales
del mito, conviene ahora, fijar una nueva proposición, sin la cual se
quedaría sin basamento el estudio sobre la pervivencia del mito en la
publicidad. La premisa mayor es ésta: el mito y la publicidad se comunican
mutuamente. La publicidad tomará los componentes del mito. A continuación
se irán aplicando los ingredientes del mito a la publicidad para verificar
el axioma de partida:
1. El
proceder alegórico-críptico. La publicidad
es alegoría y criptograma a la vez. Es un discurso alegórico que encierra
un mensaje cifrado. El mito, como la publicidad, es ocultista por
excelencia, encierra siempre un múltiple significado y, en consecuencia,
es enigmático. Presenta formas aparentemente comprensibles con las que
vela el significado real. Un refresco estimulante, por ejemplo, está dando
cobertura y abonando el campo a otros estimulantes como el alcohol.
Un mismo
proceder mágico recorre el mito y la publicidad; un mismo modo de entender
la realidad, no bajo el imperio del pensamiento empírico, sino bajo el
principio de la acción a través de entes desconocidos que se esperan
bienhechores, porque las demandas del ser humano van más allá de lo
material. En publicidad todo esto se presenta como una metáfora
hiperbólica o milagro tecnológico. Mediante la criptografía el anuncio
elude la “censura” del racionalismo y del cientismo. El mito puede,
entonces, gracias a la publicidad, resurgir proveyendo al hombre moderno
de los mismos alimentos simbólicos que en el pasado, pero encriptados
éstos. La publicidad, anunciando un producto, está además divulgando la
idea de un mundo diferente al convencional, más valioso.
2.
La superación de las contradicciones. Como
símbolo mítico, el mensaje publicitario es fluido, abierto, polisémico,
todo lo contrario de la afirmación típica del logos, cerrada,
unidireccional. Siendo la indeterminación la que funda el símbolo, el
lenguaje paradójico será el único capaz de expresar realidades humanas
profundas. La simbólica publicidad no podrá por menos de participar en esa
contradicción inherente a todo lenguaje mítico, que reconcilia las
antítesis de modo que el objetivo del mito es proveer un modelo lógico
para volver coherentes contradicciones y paradojas que la publicidad
emplea continuamente.
Se proclama de
esa manera el triunfo de la arbitrariedad simbólica, la libertad total de
la publicidad al manejar las nociones de igualdad y diferencia lo que
constituye su verdadera creatividad. La diferencia clásica entre
significante y significado también queda cancelada. No obstante esas
contradicciones no se dan dentro del mismo anuncio, sino más allá del
perímetro de cada anuncio particular.
3. El conflicto
y la deformación. Una nueva característica
del lenguaje mítico, gracias a la cual se logra atraer al ayente, es la
necesidad de violar los cánones para buscar la atención y la seducción.
4. El aderezo
burlesco. El mito no puede ser, y no es,
respetuoso. Cree que la mistificación es elemento esencial en la vida, y
de este modo intercambia todas las realidades, y busca la carcajada. En
sintonía con el mito, los anuncios más laureados llevan el sello de la
comicidad. Su misión es el ejercicio salaz, lujurioso, para el aderezo de
la existencia y la forja de una cosmovisión.
5 Un
espacio-tiempo arreferencial o fusionado.
Los mitos no se sitúan en una historia temporal o en un lugar determinado,
pues provienen siempre de un más allá de la realidad. Del mismo modo
encontramos esta nota en la publicidad. El mito y la publicidad no se
atienen a un espacio-tiempo determinado, pues todos los espacios y todos
los tiempos les pertenecen, por más que vistan la moda más perecederamente
actual.
Después de esta
comprobación típica y mimética de las características de la publicidad en
el molde del mito, nuestro autor concluye sin vacilaciones que,
efectivamente, en la publicidad tenemos la desarqueologización del mito, y
que éste no será un efecto secundario, sino su finalidad más esencial.
4. Claves para
una mito-hermenéutica de la publicidad.
Para terminar
este interesante capítulo de teoría general de la hermenéutica aplicada al
mito, nuestro autor propone, a modo de resumen, una serie de máximas,
principios y conclusiones que yo expongo a continuación de forma
abreviada. Por su claridad no añado a ella ninguna apostilla.
-
La mito-hermenéutica comparte con el
psicoanálisis y otros estructuralismos la indagación de las
profundidades, pero no se ajusta a una ortodoxia y detesta el formalismo
y la ateleología estructuralista.
-
Es clave el uso de la interpretación
analógica, considerando simbólicamente y no singularmente cada elemento
del texto-anuncio, en cuanto expresión de una categoría más amplia.
-
Se considera la publicidad, como un
texto encriptado. Es decir, la pieza publicitaria se contempla siempre
como algo que encierra dos tipos de significado: uno explícito y otro
implícito.
-
El método está atento al mito, a cómo
el mito aprovecha las actuales formas publicitarias y, por ello, le
importa mucho más el mitoanálisis que la mitocrítica. El anuncio lo
único que hace es traducir el mitema a lenguaje actual.
-
El método opera a la inversa que los
grandes métodos interpretativos actuales, buscando la proyección de lo
sagrado social en lo profano.
-
Los mecanismos de encriptación o de
velamiento del significado son procedimiento habitual en narraciones
míticas, donde predomina lo grotesco o extraordinario sobre lo normal.
-
El método considera al anuncio a la
inversa de cómo lo consideran los creativos: éstos creen que ponen los
valores sociales a servicio de los anuncios; por el contrario, aquí son
esos valores (o mejor, el sistema que los envía) los que se sirven de
los anuncios.
-
Cada mitema es parte de una ideología
coherente más amplia que es descrita en conceptos atemporales.
-
El creativo es sólo estación
transmisora y que hay un plano supraconsciente, anónimo, que sobrepasa
su autoconciencia.
-
Las ideas de la llamada creatividad
publicitaria aparecen en la mente, (“se encuentran”) de algunos sujetos
privilegiados.
-
El simbolismo publicitario es fluido,
polisémico, es en definitiva proteico.
-
Sólo la fusión o confusión sería el
modo válido de representar el conjunto de realidades, integrando y
conciliando lo que la cultura racionalista ha presentando siempre bajo
prismas de oposición.
NOTAS
1. GADAMER, H.G. Mito y razón. Paidós.
Barcelona 1997. Pág. 20. (volver)
2. PIGNOTI, L.. La supernada. Madrid 1976.
Pág. 15. (volver)
3. THOMPSON, C y otros. Lo expreso y lo tácito,
en Journal of Consumer Research. 1994. (volver)
4. GADAMER, H.G. Verdad y Método. Salamanca
1984. (volver)
5. SAUVAGEOT, A. Figures de la publicité,
figures du monde. Paris 1987. (volver)
6. Ténganse en cuenta el ensayo de Ricoeur “la
función hermenéutica del distanciamiento”, donde el texto se presenta como
una propuesta de mundo. (volver)
7. ELIADE, M. Aspect du mythe. Paris 1963.
Pág. 16. (volver)
8. GARCÍA GUAL, C. Introducción a la mitología
griega. Madrid 1994 Pág. 99. (volver)
9. ELIADE, M. Mito y realidad Pág. 23-24.
(volver)
Andrés Francisco Peña
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