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Solemnidad de la Santísima Trinidad C
6 de junio

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Proverbios. (Prov 8, 22-31)

     Esto dice la Sabiduría de Dios: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.

     Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.

     Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura y fijaba las fuentes abismales. Cuando ponía un límite al mar, y las aguas no traspasaban sus mandatos; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz; yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 8)

R. ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
     la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
     el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
     lo coronaste de gloria y dignidad,
     le diste el mando sobre las obras de tus manos.

Todo lo sometiste bajo sus pies:
     rebaños de ovejas y toros,
     y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
     que trazan sendas por el mar.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 5, 1-5)

     Hermanos:
     Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos, y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia; la constancia, virtud probada; la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan (Jn 16.12-15)

     En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
     -Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
     Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
     Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.

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La comunión liberadora de la Trinidad

Juan Pablo II dijo estas palabras en Puebla: “Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad sino una familia. Pues lleva en sí la paternidad, la filiación y la esencia de la familia que es el amor; este amor en la familia divina es el Espíritu Santo”.


La afirmación más trascendental del cristianismo es ésta: en el principio no está la soledad del uno, sino la comunión de tres personas eternas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; en el primer principio rige la comunión. Esta comunión constituye la esencia de Dios y a la vez la dinámica concreta de cada ser de la creación. Esencia que se manifiesta en acción liberadora que desborda para todos los hombres. El relato del libro de los proverbios nos muestra que la sabiduría de Dios es creadora. A través de ella se va creando todo lo que existe. Pero esa sabiduría de Dios no es otra que su propio Hijo por el cual va re-creando y liberando al hombre de su propio pecado introduciéndonos en un ámbito de paz con Dios y, derramando el Espíritu de amor en nuestros corazones para que nos guíe hasta la Verdad plena.

Esa Verdad plena no es otra que contemplar, profundizar, vivir y pensar el misterio de Dios como un misterio trinitario, como un misterio de comunión entre las distintas personas. Esta perspectiva trinitaria, es decir, como misterio de comunión, debe proporcionar a los cristianos el fundamento último de su compromiso por la liberación de los oprimidos en vista a su liberación para la justicia social, la equidad, la construcción de la fraternidad posible en nuestro mundo y en nuestros días.

Por tanto, el misterio de la fe cristiana es un misterio de comunión. Esto implica estar una persona en presencia de la otra, abrirse una persona a las otras, autoentregarse sin reservas. Decir que Dios es comunión, significa afirmar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están siempre juntos.

Las Escrituras afirman esta comunión entre las tres personas con la expresión ADios es un Dios de vida y donador de toda vida@. Jesús mismo se presentó como portador de vida y vida en abundancia (Jn 10,10). Dar vida significa entrar en un proceso inagotable de dar y recibir, de asimilar y entregar la propia vida para la vida del otro. Por tanto, la vida es la esencia de Dios. Y la vida es comunión dada y recibida; y este tipo de comunión es el amor. La comunión y el amor son la esencia del Dios-Trinidad.

Este misterio trinitario nos permite descubrir, inspirar y vivir nuestras relaciones humanas, sociales y eclesiales. En él encontramos valores profundamente humanos y religiosos, que en muchos casos son negados en nuestra sociedad. La comunión implica participación, implica igualdad e implica respeto a la diversidad. El valor de la participación nos hace descubrir que todos formamos un cuerpo en el que todos los miembros deben juntamente buscar el bien común, sobre todo aquellos miembros que de una forma más brutal se siente oprimidos y menos respetados. La participación implica unirnos a los anhelos de liberación y vida que ansían los más oprimidos.

El valor de la igualdad significa reconocer al otro semejante a mi, creado a imagen de Dios y, por tanto, buscar el desarrollo del individuo esencial para los otros, para la sociedad y para la iglesia. Es valorar nuestras relaciones personales de forma igualitaria fraterna y acogedora en la diversidad a imagen de Jesús palabra e imagen del Dios trinitario.

A nivel eclesial debemos vivir en profundidad el misterio Trinitario. Si aceptamos en la fe que la Trinidad es la mejor comunidad y que es la comunión la que reúne a las personas divinas en un solo Dios, entonces debemos empeñarnos en construir la comunidad eclesial universal, diocesana y parroquial según el modelo más adecuado a su fuente de donde brota su vida y su unidad (LG 4). La iglesia es la comunidad de los fieles y, cada uno de ellos tiene sus dones que deben ser vividos en beneficio de todos. Lo que construye la comunidad es exactamente la vivencia de la comunión que implica la aceptación y el respeto de unos para con los otros.

En la medida en que cada uno crea comunión se hace sacramento de la Trinidad.

Antonio Manuel Montosa

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