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Domingo  de Resurrección
11 de abril

Lecturas bíblicas
Comentario


Lecturas bíblicas

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (Hch 10, 34a. 37-43)

     En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
     -Hermanos: Vosotros conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.
     Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
     Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime; que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

SALMO RESPONSORIAL (Sl 117)

R. Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor, porque es bueno,
     porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
     Eterna es su misericordia.

La diestra del Señor es poderosa,
     la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré,
     para contar las hazañas del Señor.

La piedra que desecharon los arquitectos,
     es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
     ha sido un milagro patente.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (Col 3, 1-4))

     Hermanos:
     Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?
A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada

Los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda:
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

Amén. Aleluya.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan (Jn 20, 1-9)

     El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y les dijo:
     -Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
     Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

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Para creer en la resurrección

     La resurrección de Jesús es el punto de partida y el fundamento de toda la fe cristiana, por tanto no es ocioso preguntar qué razones tenemos para creer que Jesús ha resucitado. Podemos leer y estudiar muchas reflexiones eruditas sobre la cuestión, lo cual no deja de ser valioso, pero el evangelio de hoy se escribió mucho antes de estas cuestiones y, seguramente, ni siquiera se las planteaba en la forma distanciada y racionalista en que nos las planteamos hoy.
     Para el Evangelio de Juan el problema no es ¿qué razones tenemos para creer que Jesús resucitó? sino ¿cómo podemos llegar a creer que Jesús resucitó? Juan no nos da una respuesta racional, nos ofrece un camino, quizá porque intuye que la fe no es simplemente cuestión de conocimientos exactos, sino un planteamiento integral que afecta a toda la vida de la persona. El evangelio de hoy no nos da razonamientos ni argumentaciones sobre la resurrección, nos muestra el camino que lleva a la fe y nos plantea la pregunta sobre si estamos dispuestos a seguirlo.
     El inicio del camino aparece reflejado en María Magdalena, la primera que llega al sepulcro de Jesús y ve la losa quitada. No va más allá, queda desconcertada al ver el sepulcro abierto y busca una explicación al hecho: “Se han llevado del sepulcro al Señor”. Es la primera opción posible ante un hecho desconcertante, y una opción que sigue en pie actualmente. María Magdalena sigue viva en tantas personas que ven las celebraciones cristianas de la Pasión del Señor como espectadores, sin vivirlas desde dentro. Se sorprenden ante lo que ven, pero para ellos todas esas manifestaciones de fe no pueden ir más allá de una obra humana. Desde este punto de vista Jesús murió definitivamente y todo lo que queda de él es una especie de robo, un intento de ocultar un cadáver.
     Hay una etapa posterior, representada por Pedro, que entra en el sepulcro. No se conforma con ver los acontecimientos desde fuera, entra y ve las vendas y el sudario enrollado en un sitio aparte: no es simplemente un hecho inexplicable, se descubre una voluntad determinada. Desde el punto de vista de Pedro aquí hay algo más, un plan que dirige las cosas para dejarlas en su sitio, no se trata simplemente de una causalidad o un robo precipitado, pero todo sigue en el ámbito de lo inexplicable. Pedro también sigue vivo, en ocasiones en nosotros mismos que hemos celebrado la muerte del Señor durante esta Semana Santa, pero quizá solo hemos llegado un poco más allá del puro sobrecogimiento. Celebrar la Semana Santa es volver a entrar con Pedro en el sepulcro del Señor, y eso toca fibras muy sensibles de nuestro ser, nos transmite un algo indefinible que no podemos comprender, nos conmueve, pero no sabemos como ir más allá.
     Y entonces aparece Juan, el discípulo amado. El Evangelio, con una sobriedad extrema, simplemente afirma: “vio y creyó”. Entre la situación de Pedro y la de María Magdalena hay un cambio claro, Pedro ha entrado en el sepulcro y María no. ¿Que ha cambiado para que Juan crea? Si no prestamos atención pensaremos que no ha pasado nada, simplemente una casualidad, pero hay una gran diferencia: cuando Juan entra en el sepulcro ya no está Pedro solo, hay dos discípulos dentro. Para comenzar el camino de la fe hay que entrar en el sepulcro con otro, no vale únicamente la experiencia individual. Comienza a existir la fe en Jesús cuando los cristianos unidos en comunidad, la Iglesia, entran en el sepulcro, entonces se puede ver y creer.
     Hay dos grandes lecciones en el Evangelio de hoy. No basta con ver el sepulcro, el lugar de la muerte, y quedarse fuera, hay que entrar dentro, porque no podemos creer en la resurrección olvidando la muerte. Tampoco basta con entrar en el sepulcro solos, porque no podemos emprender el camino de la fe en solitario, necesitamos a la Iglesia. Esto es lo que hemos hecho en estos días, hemos comenzado el camino hacia la fe en Jesús resucitado revisitando su muerte como comunidad cristiana. El evangelio nos invita a descubrir, también en comunidad, su resurrección. Compartiendo sacramentalmente la muerte de Jesús abrimos la posibilidad de la fe en su resurrección. Desde luego, Jesús vive, ahora somos nosotros los que debemos decidir quién va a vivir con él: María Magdalena, Pedro o Juan.

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