La Eucaristía en S. Lucas

Lucas sitúa la última cena en el contexto de la pascua judía, y desde ahí desarrolla la teología cristiana de la Eucaristía. La cena de la pascua es el acto central con el que el pueblo judío celebraba la liberación de Egipto.

Y ese día le explicarás a tu hijo: "Esto es por lo que el Señor hizo en mi favor cuando salí de Egipto". Te servirá como señal en el brazo y recordatorio en la frente, para que tengas en los labios la Ley del Señor, que con mano fuerte te sacó de Egipto. Guardarás este mandato todos los años, en su fecha.
Ex 13, 8-10

Estas son las palabras con las que los padres judíos recuerdan a sus hijos el sentido de la cena de la pascua. Esta cena es, en primer lugar, una celebración de alabanza, de acción de gracias a Dios por la liberación de la esclavitud de Egipto.

También es memorial, no simple recuerdo sino re-presentación de la liberación que hace accesible el pasado mediante el rito litúrgico. El padre le habla a su hijo de la liberación de Egipto en primera persona, como si él hubiera estado allí aunque hayan pasado siglos. Esto es un indicativo de como en esta cena pascual no solo se recuerda un hecho de la historia de Israel, sino que, recordándolo, el judío vive en sí mismo este hecho, se une íntimamente a la liberación de Egipto.

La cena del Señor

Jesús, como cualquier judío, también celebraba la Pascua con sus discípulos. En su última cena pascual es donde él da a sus discípulos un gesto para recordarlo.

Tomó entonces una copa, dio gracias y dijo:
-Tomad esto y repartidlo entre vosotros: pues os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios.
Después tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo:
-Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.
Y después de la cena, hizo lo mismo con la copa diciendo:
-Esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.
Lc 22,17-20

Este gesto de Jesús es un acto profético que, no sólo significa, sino que incorpora y produce la realidad. Con el gesto de ofrecer el vino Jesús anuncia y comienza a realizar el acto fundamental de su vida, la instauración del reino de Dios.

Mucha importancia tiene la abstinencia de Jesús. Ningún judío proclamaría su intención de no volver a beber el vino (Equivalente a no volver a celebrar la Pascua). Con estas palabras se indica que el gesto de Jesús comienza la realización de un acontecimiento (su muerte y resurrección) que tiene su destino final en la consumación del reino. En el sacrificio incruento del cenáculo el acontecimiento cruento, no realizado todavía, es ya iniciado.

Con esta forma de actuar Jesús proclama su intención de entregarse libremente por la salvación del mundo. El quiere ser la víctima que entra en la muerte misma para la salvación de los hombres. Esa decisión libre de Jesús seguirá presente y actuante en el mundo precisamente por la repetición del gesto que es su inicio y símbolo: la Eucaristía.

El centro de toda esta acción profética es precisamente la identificación que Jesús establece entre el pan y el vino y su cuerpo y su sangre. Precisamente porque el pan y el vino son el cuerpo y la sangre del Señor en la cena comienza ya su pasión, muerte y resurrección. Esta identificación es también la garantía de la presencia permanente del sacrificio del Señor en la historia por medio de la Eucaristía.

La Eucaristía de la Iglesia

En el centro del relato aparece el mandato del Señor: "Haced esto en memoria mía". La expresión griega de Lucas admite dos traducciones complementarias que nos darán su sentido completo.

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En primer lugar se puede traducir como "Haced esto como memoria mía". Con esto se pone el acento en la Eucaristía como memorial cristiano del sacrificio del Señor. Se trata de una memoria real, un acto que evoca y presencializa ante el Padre el único sacrificio de su Hijo. También es el recuerdo de una promesa que se cumplirá, el retorno del Señor. La Eucaristía es plegaria para el retorno de Cristo, recordando el comienzo de la salvación, la Iglesia pide su realización definitiva en todo el mundo. Bebemos del vino nuevo del reino que Jesús ya tiene en plenitud y pedimos que nos lo haga gustar definitivamente.

Pero esta frase también puede ser traducida como "Haced esto para que se acuerden de mí" (es decir, para que el Padre se acuerde de mí). De este modo se pone el acento en el sentido profético de la Eucaristía. La Eucaristía es una plegaria que será escuchada porque está basada sobre la ofrenda de Cristo que es presentada al Padre. Por su recuerdo eucarístico el sacrificio del Señor es hecho presente ante el Padre como oración viva que siempre es escuchada.

Como conclusión vemos como en Lucas es presentada la Eucaristía en continuidad con lo que es la tradición judía. Al mismo tiempo es la realización plena de esa salvación definitiva anunciada a Israel que sigue presente en la Iglesia hasta el fin de los tiempos por el significado redentor que para el cristiano tienen el pan y el vino que son el cuerpo y la sangre del Señor.

EL ESCOLIASTA

El Escoliasta. Para reflexionar y vivir la fe Sitemap home